13 mayo, 2021

Nunca más dictaduras

María Teresa Blandón

 Leyendo el libro interactivo “Ama y Construye la Memoria” recientemente publicado por el Museo de la Memoria de las madres del abril, colectivo en el cual participan familiares de quienes fueron asesinados por policías y paramilitares a partir de las protestas del 2018. AMAyConstruyeLaMemoria-19Abril-Web

El libro ofrece una breve síntesis que nos permite saber cómo, dónde, cuándo y quienes asesinaron a 88 nicaragüenses en 10 ciudades del país.  Unos fueron asesinados durante la marcha del 30 de mayo, otros en las barricadas y tranques, otros fueron ejecutados en sus propias casas en presencia de sus madres. Algunos fueron torturados antes de recibir los disparos que les arrebataron la vida.

Leyendo estos terribles relatos que representan tan solo una parte de los 328 registrados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es inevitable recordar que el grito de abril exigía la salida del régimen Ortega Murillo, único responsable de tantas muertes que nunca debieron ocurrir.

A tres años de iniciada la brutal represión en contra de jóvenes que con morteros, tiradoras y piedras se enfrentaron a decenas de policías y paramilitares armados hasta los dientes, continuamos bajo el peso de un Estado policial que tan solo durante la última semana ha significado más de 350 violaciones de derechos humanos incluyendo las cometidas en contra de las propias madres de abril que han sido objeto de persecución, amenazas, golpes y hasta despojo del libro que documenta el asesinato de sus hijos, hermanos, tíos, maridos, sobrinos.

A tres años del horror y del dolor provocado por el régimen Ortega-Murillo a miles de familias nicaragüenses, se perfila como en dos líneas paralelas los reclamos de justicia y no impunidad que enarbolan las organizaciones de víctimas y de derechos humanos; y los debates sobre posibles elecciones que se llevan a cabo en los principales bloques de oposición.

En este desconcierto de voces se pueden identificar algunas ideas que nos sirven de guía para construir posibles consensos nacionales. La primera idea viene de las propias organizaciones de víctimas que reclaman de todos los grupos de oposición, un claro compromiso con la justicia transicional que sintetiza la investigación de los hechos para conocer la verdad, el castigo a los responsables y las garantías de no repetición.

La segunda idea viene de la mayoría de nicaragüenses que dentro y fuera del país reclaman la conformación de un bloque de oposición que permita hacerle frente al fraude electoral que, ya tiene organizado el régimen Ortega Murillo.

En este camino, solo se han avanzado en el rechazo categórico que la mayoría de grupos de oposición -incluyendo algunos partidos políticos- ha manifestado en torno a unas reformas electorales que convertirían a las próximas elecciones en una farsa.

La tercera idea es la más compleja y sin embargo en la que menos esfuerzos ha invertido la sociedad nicaragüense. Se trata de los cambios necesarios para erradicar la nefasta herencia de las dictaduras que se han sucedido a lo largo de la historia de nuestro país.

La adecuación de las leyes a la medida de los intereses de los dictadores; el uso de la violencia de Estado para impedir las protestas ciudadanas; la sistemática violación de derechos humanos y la impunidad; la galopante corrupción y mal uso de los recursos públicos; la negación de derechos a amplios sectores de la sociedad incluyendo mujeres, pueblos indígenas y minorías sexuales; la entrega de recursos naturales a empresas transnacionales para fines de explotación voraz, figuran entre los problemas que solo pueden ser abordados en un contexto de democracia en donde la libertad de expresión y el derecho a la participación de los diversos sectores de la sociedad, estén plenamente asegurados.

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