14 junio, 2021

Es la hora de la unidad de los movimientos sociales mientras el orteguismo juega con fuego

Oscar-René Vargas

“No jugar con los testículos del tigre”. Proverbio chino

El régimen Ortega-Murillo se ha lanzado por el camino del discurso violento, de la deshumanización del adversario. Ortega, en sus discursos, elogió la violencia interna y desprecia la inteligencia.

Sus seguidores aplauden, no hay mención alguna, ni vaga siguiera, a los problemas de la vida cotidiana de los ciudadanos “de a pie”; Ortega tiene el privilegio de no decir nunca la verdad. Es el retrato de un autócrata enfermo de vanidad y ambición.

El orteguismo, en el marco de las cinco crisis (económica, social, política, sanitaria e internacional), recrudece la represión en el país. Ha promovido una ley que prevé la depuración del personal no orteguista de la administración pública, otra que anula lo poco que queda de la libertad de prensa, un tercero que refuerza más el poder ejecutivo y, por último, elimina la posibilidad de participación de la Coalición Nacional en las elecciones de noviembre de 2021. Al mismo tiempo que acumula en sus manos todo el poder de las fuerzas armadas. El objetivo es siempre el mismo: consolidar la dictadura.

Las cinco crisis se presentan como un desafío global de la sociedad y expone las enormes desigualdades que existen entre los distintos departamentos y regiones, desigualdades que van desde el acceso a un sistema de salud justo y de calidad hasta el abordaje de la pandemia según el gobierno.

Las cinco crisis, inevitablemente, están relacionadas con la crisis ambiental y por las dinámicas económicas y geopolíticas. No es posible hablar, por ejemplo, de la crisis de Nicaragua sin considerar los acontecimientos en Venezuela. No se puede comprender el orteguismo sin notar la influencia cubana y las dinámicas de desmonte sociales y laborales que complacen a la burguesía tradicional.

El inminente daño ecológico que sufre el país excede al cambio climático. La crisis ecológica y el cambio climático no conocen fronteras. Por eso la organización de un movimiento social contra la oligarquía fosilizada y contra el capitalismo de amiguetes –que es, como reconoce el Papa Francisco, intrínsecamente perverso– son más decisivas que nunca.

El gran capital que ayudó a fortalecer a la figura de Ortega, ahora finge ser diferente. Por ejemplo, en la medida en que el orteguismo exhibe un fuerte tenor nacionalista, represión política y conservadurismo social, la vieja oligarquía y la burguesía tradicional intentan distanciarse de la imagen negativa de Ortega. Pero sabemos que en realidad no tienen ningún problema en seguir apoyando las políticas públicas de Ortega-Murillo.

Los estudios serios sobre la historia política de Nicaragua muestran relación de la clase dominante con los sistemas políticos más perversos, como el somocismo y ahora el orteguismo.

El capitalismo se adapta a casi todo: democracia, fascismo, dictadura militar, gobiernos liberales, nacionalistas o autoritarios. Nada de esto es nuevo. El gran capital apoya no importa que modelo político con tal que le garantice sus ganancias y sus riquezas.

Efectivamente, a los capitalistas, a la oligarquía financiera, a los grandes capitales y al agronegocio solo les interesa garantizar sus beneficios. El resto son detalles sin mucha importancia. Si el gobierno garantiza una agenda económica neoliberal, como la de Ortega-Murillo, contará con el apoyo –activo en algunos sectores, pasivo en otros– de las clases dominantes. Es cierto que los miembros más cultos de las élites, o más liberales en el sentido político, pueden sentirse incómodos con las locuras y el autoritarismo neofascista de Ortega, pero, ¿asumirán una oposición consecuente?

El método dialéctico permite romper con una visión dualista de la realidad sociopolítica, según la cual los problemas serían producto solamente del individuo o totalmente localizados en la estructura del sistema. El método de análisis neoliberal hace recaer la responsabilidad sobre los individuos, ya sea Ortega-Murillo, los pactos políticos o la cúpula del poder.

La lucha sociopolítica es un buen ejemplo de la necesidad de una visión dialéctica del papel individual y colectivo en la sociedad nicaragüense. Eso se traduce en dos niveles: uno es la complementariedad entre las iniciativas individuales, por ejemplo, la lucha de los campesinos, y las transformaciones estructurales como la defensa del medio ambiente contra la expansión destructora de la agroindustria extractivista. No se trata de oponer una iniciativa a otra, sino de ganar a los campesinos a la lucha sociopolítica en contra del capitalismo extractivista y de amiguetes. La derrota de la dictadura Ortega-Murillo no es posible sin que un gran número de personas se unan a ese combate colectivo.

La lucha exige una amplia coalición social de fuerzas: trabajadores del campo y de la ciudad (de ambos sexos), juventud rebelde, comunidades indígenas, comunidades cristianas, población misquita, afrodescendiente, mujeres, intelectuales, artistas y mucho más. Pero estos grupos o estas clases están compuestos de individuos, cada uno con su historia, su cultura, su conciencia. Su motivación puede ser cristiana, progresista, ecológica, feminista, o una convergencia de todas.

En la primera línea de combate democrático se encuentran las víctimas directas de la represión y de los desastres provocados por la voracidad destructora del capitalismo extractivista y de amiguetes: comunidades indígenas, mujeres, campesinos. En este caso son individuos los que encarnan el combate. Individuos que muchas veces pagan con sus vidas ese compromiso, víctimas de la violencia paramilitar por encabezar la resistencia a la dictadura.

Esa convergencia de motivaciones es algo muy fuerte en el movimiento social contra la dictadura. Vemos personas que se reúnen a partir de las preocupaciones más diversas. La lucha contra la dictadura es un punto de convergencia de las luchas sociales y políticas. Al poner las demandas más sentidas de la población en primer plano, se incrementa la potencia de todas las luchas, transformándose en la madre de todas las luchas.

Las demandas más sentidas de la población pueden contribuir a la convergencia de las diversas luchas, al revelar, la íntima relación que existe entre la explotación capitalista, la dominación patriarcal y la destrucción de la naturaleza. Pero esa convergencia debe respetar la autonomía de los movimientos y de las luchas sociales, sus respectivas agendas, sus objetivos. La convergencia no está dada inmediatamente, debe ser pacientemente construida por medio del diálogo y de las experiencias de lucha. Las demandas más sentidas de la población son actualmente –y lo será más todavía– en el futuro inmediato.

¿Enfrentamos el riesgo de que la lucha por la democracia sea cooptada, no solamente por los representantes políticos del gran capital y sus soluciones: la salida al suave, el despegue, cohabitación, etcétera; sino también por los políticos tradicionales, zancudos elegantes o conservadores de la extrema derecha?

Sin duda, ese peligro existe. Hay partidos políticos, como CxL, que piensan participar en las elecciones con o sin reformas proponiendo un “orteguismo con o sin Ortega”, llegando al extremo de proponer una especie de dictadura “responsable”, idea con la que especuló a finales de la década de los años treinta del siglo pasado en relación a Somoza García.

¿Cuál es la magnitud del desafío que enfrentamos a la hora de poner la lucha por derrotar a la dictadura en el centro del debate, si los grandes capitalistas mueven todo su aparato para avanzar hacia el “orteguismo con o sin Ortega”? De hecho, hace muchos años que existe la idea del modelo público-privado, que está interesado en mantener el “autoritarismo responsable”, ideado por Arturo Cruz, y proponen políticas de “desarrollo” basado en el modelo del capitalismo de amiguetes.

¿Cuál ha sido el resultado de todo esto? ¡Nada! O peor: a medida en que la dictadura se consolidó, el cielo se volvió cada vez más gris. La represión no sólo no disminuyó, sino que continuó aumentando. Bajo el pretexto de “proteger” la “soberanía”, se desarrollaron políticas que fueron eliminando los derechos humanos y políticos. Se desarrolló el capitalismo extractivista, que ha sido y es un negocio óptimo para los bancos y las empresas, pero pésimo para grandes mayorías de la población.

Solo una batalla sociopolítica intransigente contra el sistema dictatorial puede superar al régimen Ortega-Murillo, en donde los derechos humanos sean el rector de las políticas públicas. Los campesinos, al defender sus territorios ancestrales y sus ríos, están en la primera línea del combate para prevenir la catástrofe social y ecológica del país. Con el “orteguismo con o sin Ortega” el “progreso capitalista” será sobre la ruina de las tres fuentes principales de riqueza del país: la tierra, el agua potable y el trabajador.

Si no hay una alternativa democrática Nicaragua está condenada a transformarse en el país más pobre y atrasado de la región centroamericana con consecuencias negativas para toda la economía regional. Las venas seguirán abiertas y la economía permanecerá sometida a los imperativos del gran capital y el empobrecimiento de la población continuará.

Las derrotas, como las victorias, forman parte de la historia política y de las luchas sociales. La razón nos advierte sobre la gravedad de la situación, del peligro creciente de una catástrofe sociopolítica y económica y del gran poder de nuestros adversarios, los orteguistas y los capitalistas de amiguetes (¡o los dos al mismo tiempo!).

El movimiento social contra el régimen nunca tuvo tantos partidarios y simpatizantes como hoy. Obviamente, no hay ninguna garantía de que la lucha contra la dictadura vencerá, ni de que la sociedad logrará escapar a la catástrofe. Esta es una apuesta en la cual se nos va la vida, en términos individuales y colectivos.

El Consejo Supremo Electoral (CSE) canceló el martes 18 de mayo de 2021 la personería jurídica del Partido Restauración Democrática (PRD), bloqueando así la única opción con que contaba la Coalición Nacional (CN) para competir contra Ortega en las elecciones del 07 noviembre de 2021.

La eliminación de la participación del PRD+CN en las elecciones de noviembre próximo tendrá repercusiones negativas para el régimen Ortega-Murillo tanto a nivel nacional como internacional. ¿Tendrá conciencia la dictadura que su decisión significa “jugar con los testículos del tigre”?

Si los ciudadanos autoconvocados solo se movilizaran cuando están seguros de la victoria, nunca habría habido una revolución social. Entonces, se trata del optimismo de la voluntad: como decía Brecht, quien lucha, puede perder; quien no lucha, ya perdió.

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