14 junio, 2021

El espíritu de abril sigue presente en la mayoría del pueblo nicaragüense

Oscar-René Vargas

En política no hay victorias finales ni derrotas terminales.

Tenemos que tener conciencia que la coyuntura política del momento es como un río de montaña que trae aguas claras, arenas, piedras y lodos. El dictador de turno quiere opositores marionetas. La cultura política del “presidencialismo imperial” tiene una visión autoritaria de la vida social.

Se tiene conciencia de que se vive un sainete político. Un simulacro de teatro. Con actores de segundo y hasta tercer orden. Con guiones conocidos. Algunos han decidido participar en esta degradación teatral de la política tradicional.

La ilusión del espíritu de abril no se pierde de repente. No te despiertas un día y ¡hala! Ya no tienes ilusión de cambiar las cosas. No, es algo que pasa poco a poco. A veces es por acumulación de pequeñas cosas, otras por ver que nada cambia o porque no hay una propuesta concreta de cambio.

Bueno, en realidad eso no es cierto, la gente sí cambia. Un día te das cuenta de que a tu alrededor lo que ha cambiado son las personas, que ya sólo están en el gobierno las que han convertido el proyecto de todos en el medio de vida de unos pocos, en el medio de vida de ellos mismos. Eso es lo que ha pasado en los miembros de la cúpula del poder.

¿Y ellos quiénes son? Ellos no son los mejores cuadros del país, ni los más honrados, ni los más honestos, ni siquiera se han quedado los más trabajadores, ni los más listos, ni los que más ganas le echan. Qué va. Ellos son los más mediocres, los más obedientes, los más serviles, esos que dicen pertenecer a los leales.

Pero esa lealtad es mal entendida. Ésa, que no es un proyecto de nación ni profesan unos principios de honestidad. Es lealtad al dinero, al poder, a tener un puesto en el partido o el gobierno. Y es que “la calle está dura”.

Y así, poco a poco, mientras los aduladores toman posesión de lo que era una herramienta para el cambio, la gente buena se va yendo. Gente que lo da todo por nada. Bueno, no por nada, por los que menos tienen. Por los que más lo necesitan. Por eso lo dan todo. Pero ésos ya no están en el vértice del poder. Quedan pocos escrúpulos. Una pena. Y claro, los trepadores mantienen la ilusión del cargo en el estado y/o de las prebendas.

La dictadura siempre busca al enemigo interno. Predomina la cultura de la sospecha. El círculo íntimo del poder comienza a creer que todo es posible, incluso convertir las elecciones en un simple simulacro. Busca que los actores políticos tradicionales jueguen un rol determinado dentro del proceso electoral que, al final de cuentas, resulta ser una farsa. Cuando se vicia tanto un espacio, se está aplicando la lógica de tierra quemada.

Pero no toca irse a casa, no. No podemos dejar que ganen los corruptos, los tránsfugas. Los que en otras circunstancias estarían en otro sitio, defendiendo otras cosas. No es momento de pensar que es mejor ser cola de león y esperar tiempos mejores.

Lo que toca es levantarse, mirar alrededor y reconocer a la gente que piensa lo mismo y desea el cambio. Hay muchas. Mucha más de la que pensamos, ya hay más que los simpatizantes del dictador. No podemos claudicar. No podemos dejarnos llevar por el pesar o por el rencor. No.

La gente sigue necesitando un cambio. Porque en este momento de crisis tiene que haber quién defienda a los más vulnerables y, fundamentalmente, crear mecanismos para que puedan defenderse ellos mismos. No vale rendirse.

Mientras algunos se encierran en discusiones bizantinas, ocupándose de cualquier nimiedad, otros están privatizando nuestra salud y realizando dudosos favores a sus amigos. Sólo hay que mirar qué huecos hay en otros sitios, que los hay. Y desde ahí construir de nuevo. Esta vez, evitando errores. Sin sectarismos. Sin tanto personalismo. Busquemos espacios comunes. Y desde ahí trabajemos para cambiar este país y acabar con la carroña que se aprovecha de los recursos de todos para ponerlos al servicio de unos pocos.

Ahora toca hacer política y dejarse de telenovelas. Habrá a quien le vale con que se le arregle su ego y su nómina. Requerimos a la gente que ha perdido su trabajo, a la que teme perderlo, a la que simplemente necesita sentirse orgullosa del país. No olvidar a las familias que no pueden comer nunca caliente y cuyos hijos sólo comen salteados, desnutridos. Y por eso hay que seguir. Así que construyamos, luchemos y defendamos los derechos de todos.

Es ostensible el contraste insultante de la miseria de muchos y la opulencia de pocos. No dejemos que ganen los que promueven la intolerancia política. No pueden ganar los malos. Y no pueden ganar porque de verdad son peligrosos, son los que no quieren cambiar las cosas.

Existe el peligro de que si el “orteguismo con o sin Ortega” se mantiene en el poder Nicaragua se transforme en un Estado fallido. Es decir, un Estado que no consigue garantizar las condiciones mínimas de supervivencia de una parte importante de la población, que ha fallado en el ejercicio de sus funciones básicas y esenciales como la defensa de los derechos humanos. Dicho Estado se caracteriza por un fracaso económico, social, ambiental, político, de seguridad de la población o su pérdida de legitimidad ante la comunidad internacional.

El objetivo del espíritu de abril es cambiar la sociedad nicaragüense para hacer de ella un lugar mucho más social, solidario, amable y vivible. Una sociedad plural, ecológica, pacifista y, ahora más que nunca, antidictatorial. Recordar siempre quien lucha, puede perder; quien no lucha, ya perdió.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!