14 junio, 2021

Romper el cerco, luchar por la vida y la democracia

Oscar-René Vargas

“Hay dos clases de enfermedades del alma, el vicio y la ignorancia”. Sócrates

No existe peor gobernante que un ignorante con poder.

Nicaragua es un país muy jerárquico, tiene una cultura de contexto alto. O sea, que lo que no se dice es tan o más importante como lo que se dice. Ortega ordena, oculta, promete, amenaza y reprime; todo por los negocios, el dinero y por mantener el poder político.

El secreto y el poder constituyen dos instancias fundamentales del mundo de la política de los poderes fácticos. El secreto se ocupa del ocultamiento de los acuerdos entre los poderes fácticos y de los arreglos sociopolíticos. Es por eso que la mayor parte de las actividades de la clase dominante está protegida por el secreto.

El secreto es también un dispositivo del poder. El poder se sirve del secreto para proteger y/o aumentar la fuerza operativa de los poderes fácticos. El secreto suele ocultar partes vitales de un acuerdo o alianza cuyo desvelamiento sería peligroso para los intereses de las elites.

El secreto se organiza para ocultar ciertas maniobras, no muy limpias. Bajo el manto del secreto quedarán cubiertas las trampas y los abusos de la dictadura y de la clase política tradicional.

Precisamente, por esa razón, los que participan en las negociaciones no dicen lo que realmente conversaron ni dicen a qué acuerdos generales llegaron. La consecuencia es que, a menudo, hay que navegar en un laberinto de signos culturales en los que uno se pierde fácilmente. Eso dificulta la interpretación sociopolítica de la coyuntura y, en último término, la toma de decisiones.

En la historia política de Nicaragua los gobiernos autoritarios y las dictaduras han sido la regla y no la excepción. La burguesía tradicional y la vieja oligarquía nunca han tenido ningún credo democrático.

Las clases dominantes jamás han cultivado virtudes democráticas. En consecuencia, Nicaragua se plasmó como una república carente de gobernantes democráticos.

Las dictaduras tienen una vocación de solucionar los conflictos sociales y/o políticos cotidianos por dos vías, ya sea por la represión policial, la represión generalizada de los últimos meses es una prueba incuestionable; o por la vía del pacto de cúpula, en secreto.

También utilizan el uso de los jueces, las leyes y los procedimientos jurídicos como arma política para perseguir y destruir al adversario.

El gobierno Ortega-Murillo ha creado un entramado mafioso que ha secuestrado la transparencia, ha extorsionado a la democracia, ha permitido la corrupción y ha emponzoñado la justicia nicaragüense.

El temor del régimen Ortega-Murillo es que se produzca una segunda ola de protestas. La elite en poder tiene miedo a que los ciudadanos se apoderen de los espacios abiertos. No hay nada que asuste más a los poderes fácticos de las elites que una manifestación en la calle o en la plaza. La calle, la rotonda y la plaza son los lugares donde se hace visible lo invisible.

En la calle o en la plaza la gente “de a pie” puede manifestar su descontento y transparentar sus demandas. Lo que quisiera el régimen Ortega-Murillo es que la calle fuera un espacio donde la gente vaya y venga de trabajar. Quieren anular la fuerza del movimiento social, que es la calle.

Retomar las calles se puede hacer con la resistencia civil por medio de un paro de consumo. Vaciar las calles es una forma de retomar la iniciativa política y poner en jaque a la dictadura. Lo que pasa es que la clase dominante, los dirigentes de los partidos políticos tradicionales (zancudos o no) no han sido capaces de plantear cosas novedosas por querer alcanzar acuerdos secretos con el régimen.

El movimiento social tiene que levantar de manera prioritaria la liberación de los presos políticos; el regreso de los exiliados; la libertad de reunión, de manifestación, de expresión, etcétera. Lo cual permitiría que el poder fáctico nacido del movimiento social de abril 2018 tenga la fuerza suficiente para defender los intereses de la mayoría de la población en una salida de la crisis sociopolítica.

Una salida a la crisis actual tiene que encontrar un marco en el que no se hagan trampas. No hacer trampas es reconocer que no se puede llegar a ninguna solución al margen del principio de elecciones transparentes y reconocer que más de la mitad de la gente desea un cambio, quieren la salida de Ortega-Murillo del poder.

Hay que desconfiar de Ortega. Hombre aparentemente tranquilo, mientras otros hablan, él observa; mientras otros se reúnen en hoteles, él planea. Y cuando todos finalmente descansan… él ataca. Estamos en presencia de un grupo de halcones liderados por Ortega, figura taciturna y oscura, es la imagen redonda de un conspirador agazapado. El vicio de Ortega es el apetito incontrolado por el poder.

Lo que hay que hacer por la democracia, por el pueblo, por los presos políticos es romper el cerco, luchar por la vida, por la democracia y por alcanzar el poder para desmantelar el sistema reproductor de desigualdades, injusticias y violador de nuestros derechos fundamentales.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!