5 agosto, 2021

La guerra de la información de hoy no es verdad versus mentira, sino verdad versus verdad

Foto de El Periódico USA / NM

El verdadero peligro no es que los ordenadores empiecen a pensar como los hombres, sino que los hombres empiecen a pensar como los ordenadores”. 

Sydney Harris (Periodista)

Se vive un mundo donde una mentira tiende a ser compartida en las redes sociales un 70 % más que una verdad, esto debido a lo que el maestro Jesús Martín Barbero decía la magia de las tecnologías, lo inverosímil, lo irreal, lo absurdo lo convierte en comprensible, factible probable, verosímil, y hacen desaparecer la realidad, vivimos en un mundo mágico.

Julio César Guerrero Dias

La información cada día toma mas significado para las sociedades, cantidades y variadas, las narrativas informativas hacen que la sociedad se sienta prisionera y cazada por aquellas que consideran de necesidad o significativas en función de sus intereses.

Surgen la construcción de los imaginarios colectivos que en muchos casos no es mas que la difusión o repetición de lo que ha leído, escuchado o mirado a través de ese fenómeno o forma comunicacional llamada nuevas tecnologías a través de las redes sociales.

Con el desarrollo de la tecnología y de las redes sociales han comenzado a florecer narrativas mucho más parciales, fragmentadas e incluso efímeras.

El académico Henry Jenkins definió, en un artículo de la revista MIT Technological Review publicado en 2003, la narrativa transmedia, un fenómeno que tiene dos características principales: que la historia se cuenta en muchos medios y plataformas y que el público participa difundiéndola.

Una difusión que se reproduce de manera automática sin pasar por el mínimo filtro del discernimiento o al menos dudar de lo que le llega como información.

En muchos casos se convierten en verdades absolutas a partir de la cantidad de repeticiones en diferentes plataformas y las personas finalizan admitiéndola, y eso puede ser normal en la persona, porque al final psicológicamente de tanto estar expuesto a este tipo de discursos lo asumen como certero lo que tienen frente a ellos.

Además, no podemos obviar que el carácter transversal de las redes sociales o buscadores en Internet ha permitido a sus responsables posicionarse como meros facilitadores de datos u opiniones sin tener la necesidad de asumir la responsabilidad sobre los contenidos que publican los usuarios, un hecho profundamente disruptivo, por eso así como circula mucha información valiosa, también circula mucha basura informativa, el problema es cómo identificar esa basura.

El pensamiento disruptivo permite que se observen alternativas que muchas personas no toman en consideración y no pueden imaginar, por esta razón, es importante que dicho pensamiento se aplique dentro de las organizaciones, para que estas cuenten con una orientación hacia la innovación y además, abra paso a la estimulación para que aquellas ideas que no se tomaron en cuenta puedan volver a revisarse y se analicen con el apoyo de las nuevas tecnologías y se consideren métodos alternativos a los ya establecidos, esto sería lo idóneo, pero se carece de esta práctica.

El papel del público, el último eslabón de la cadena narrativa, es el que ha experimentado un cambio más drástico gracias a la tecnología, rompiéndose la frontera entre ciudadano espectador y creador. En poco más de una década, con el desarrollo de la tecnología el genio matemático de Macron: señalaba “Temo más a las fake news que a un robot asesino”.

En este caso los robots están programados para determinada acción es mecánica, en cambio las noticias falsas están mas trabajadas en función de propósito es fabricada con tanta delicadeza que apegada a la circunstancia y con elementos que van mas allá de la realidad. Los pedazos de verdad generada por los diferentes medios y formas de comunicación es lo que marca el quehacer cotidiano.

Nos encontramos en un mundo de la guerra informativa donde se torna evidente el trabajo y la forma en que los medios y comunicadores representan los acontecimientos, es llenar la información de desinformación.

Samuel Morales Documento de Opinión 45/2019 comunicaciones y la irrupción de las redes sociales señala “ha convertido a cualquier ciudadano no solo en consumidor de información, sino también en un distribuidor de esta”.

Esta nueva realidad representa un cambio de paradigma en la forma de atacar lo que el estratega prusiano Carl von Clausewitz consideraba el centro de gravedad del adversario, la mente y el espíritu de su población.

Ya no se requieren bombardeos masivos o complicadas campañas de propaganda; lo único que se necesita es un teléfono inteligente y unos segundos de actividad, la magia y el uso de las nuevas tecnologías son las que al final determinan hacia donde la gente se puede inclinar a la hora de tomar una decisión.

De esta manera, la influencia sobre el espacio cognitivo a través de las redes sociales ha transformado la velocidad con la que se propaga la información, la distancia a la que viaja y la facilidad para acceder a ella. Una influencia que no hará más que aumentar a medida que se desarrollan nuevas formas de inteligencia artificial.

Esta nueva realidad lo ha cambiado todo, desde la planificación militar hasta el negocio de la información y las campañas políticas, creando un entorno caracterizado por una gran cantidad de contenidos generados por una amplia variedad de fuentes, lo que supone un auténtico desafío para las sociedades modernas, donde todavía solo utilizan las herramientas, el objeto, tienen el uso, la manipulación del aparato, pero el sentido, la racionalidad, conocimiento de el porque está realizando esa acción, es muy pobre.

Internet y la tecnología móvil han proporcionado a los actores estatales y no estatales una nueva herramienta de alcance global. Esta revolución obliga a gobiernos, empresas y ciudadanía a comprender las potenciales amenazas digitales para adaptar las estructuras y estrategias para enfrentarlas.

El nuevo período histórico que la sociedad está viviendo es lo que se denomina la época de la posverdad, la historia, como disciplina, nació como oposición a la propaganda de guerra.

En el primer libro de historia, las guerras del Peloponeso, Tucídides tuvo cuidado de distinguir entre las explicaciones que daban los líderes de sus propios actos y los verdaderos motivos de sus decisiones.

Hoy en día, a medida que el aumento de las desigualdades refuerza el papel de la ficción política, el periodismo de investigación cobra cada vez más importancia, sin embargo, sabemos que se carece de eso, se ha señalado que la práctica periodística por naturaleza es de carácter investigativa, por eso es que es una profesión que requiere métodos, técnicas apropiada para poder elaborar una pieza informativa independientemente el tipo de medio donde se va a realizar la representación.

Maquiavelo en El Príncipe ya explicaba que la ruptura de las promesas, cuando su observancia vaya en contra de la idea del gobernante, no solo era legítima en virtud de su practicidad, sino también fácil de acometer, ya que «los hombres son tan simples y están tan centrados en las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar».

Diego Rubio afirma que la demagogia y la falsedad han desempeñado siempre un papel importante en política. La verdad no ha perdido importancia, lo que ocurre es que se ha multiplicado. Ya no es una, sino muchas, todas ellas igualmente válidas.

Así, en el mundo de hoy, la verdad no compite contra la mentira, sino contra otras verdades así es, porque cada uno tiene su verdad, ahora la guerra de la información no es verdad versus mentira, sino verdad versus verdad, eso es lo que estamos viviendo, pero esa guerra de verdades la sociedad no es capaz de identificarlas.

El tiempo en los que vivimos, la verdad no es encontrada, sino construida. El problema es que el hombre moderno, como afirma Federico Aznar Montesinos, no piensa, se informa.

El ciclo de la información es de 24 horas, máximo 48. No hay tiempo para contrastar la cantidad de noticias que fluyen a través de la red a diario, la sociedad actual está expuesta a ese ritmo informativo donde entre mas información llega mas confunde, somos una sociedad enredadas es decir estamos conectadas en redes, la red te enreda.

La fluidez del mundo actual con el acompañamiento del uso de las nuevas tecnologías, ha contribuido al surgimiento de un nuevo concepto. Según el diccionario Oxford, el concepto de «posverdad» se define como la tendencia por la que «los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y creencias personales».

Este concepto explica las actuales circunstancias y, si bien no es un fenómeno nuevo el hecho de que alguien poderoso quiera manejar la opinión pública, lo que sí es novedoso es que la influencia de estas mentiras emocionales haya calado tan hondo en la población y en una generación que supuestamente es la mejor formada de la historia, ¿será?

Según el Informe anual sobre tendencias en reputación y gestión de intangibles, desarrollado por Corporate Excellence (Centre for Reputation Leadership) y Canvas Estrategias Sostenibles, más del 71 % de la población global no confía en sus instituciones y el 63 % de la población mundial no es capaz de distinguir entre noticias verídicas y rumores. ¿a qué se debe eso? ¿la fluidez y cantidad de información? ¿no hay conocimiento de lectura de medios?

Una de las características del mundo en el que vivimos es la tendencia hacia la desconfianza y el escepticismo. Sin embargo, en esta realidad hay una gran paradoja, al mismo tiempo que la confianza en los gobiernos es mínima, nuestra credulidad frente a ciertos mensajes que llegan por Internet es máxima. Esto es a lo que Moisés Naím denomina la paradoja de la confianza. No creemos ni en el gobierno ni en los expertos, pero sí en mensajes anónimos que llegan de Facebook, Twitter o WhatsApp y por supuesto las otras plataformas.

La gente confía en lo que suena bien y la confianza permite la manipulación. Esto facilita el auge de campañas de desinformación que no se generan de forma aleatoria sobre una sociedad, sino de acuerdo con sus respectivas vulnerabilidades puestas al descubierto por su costumbre en Internet.

Una posible variante de estas campañas se produce cuando se conduce a la población hacia una indignación cada vez más intensa ante algo que ya temen u odian desde el principio.

El Instituto de Tecnología de Massachusetts realizó un estudio en el que se analizaron 126 000 rumores y noticias falsas publicadas en inglés en Twitter desde 2006 hasta 2017 con mensajes que llegaron a 3 millones de usuarios en 4,5 millones de ocasiones. Las conclusiones del estudio, publicado íntegramente en la revista Science y titulado la difusión de noticias verdaderas y falsas online, son alarmantes.

Tomando como muestra un grupo de 1500 usuarios comprobaron que una noticia falsa llega seis veces más rápido que otra verdadera. Esto sucede en todos los campos finanzas, ciencia, tecnología, pero sobre todo en el de la información política. «Las noticias falsas sobre la política se difunden de forma más profunda y mayor, llegando a más gente, y son más virales que cualquier otra noticia de información falsa».

Según detalla el referido informe, la desinformación política llega a una muestra de 20 000 personas tres veces más rápido que lo que tarda la información real en llegar solo a 10 000, es decir, la mitad.

Esto significa que la desinformación viaja más rápido y llega más lejos que las noticias reales. De su análisis, los autores extraen la conclusión de que una mentira tiende a ser compartida en las redes sociales un 70 % más que una verdad.

Un dato interesante extraído de dicho informe es que, al contrario de lo que se cree, los robots aceleraron la difusión de información de noticias verdaderas y falsas al mismo ritmo, lo que implica que las noticias falsas se extienden más que la verdad los robots tienen más probabilidades de difundirlo, eso es lo que estamos viendo desde las diferentes plataformas digitales.

Por lo tanto, se infiere claramente que las políticas de contención de desinformación también deben enfatizar las intervenciones sobre el comportamiento, en lugar de centrarse exclusivamente en restringir «bots».

El principal problema de la desinformación es, por lo tanto, su mera existencia como arma para desestabilizar procesos e instituciones democráticas. Una gran parte de las noticias falsas se crea con un fin político y estas se reproducen en las plataformas digitales aprovechándose de la arquitectura de sus algoritmos y no solo manipulándolos por vías tecnológicas.

Es decir, las redes de «bots», tan difíciles de identificar y ubicar geográficamente, son una parte, pero solo una parte, del problema, a eso se enfrenta ahora las distintas sociedades del mundo y nuestra sociedad no escapa a esto.

No obstante, un estudio publicado a la víspera de las elecciones estadounidenses advirtió que los «bots» las redes sociales se han convertido en una herramienta esencial en la estrategia de las empresas, así como de los partidos políticos y candidatos, ya que sirven como complemento de otros medios para transmitir mensajes de forma casi inmediata.

El problema viene cuando en lugar de hablar con personas, la conversación se centra en cuentas falsas, los Bots, esta es la moda del momento, podía poner en peligro la integridad de una elección presidencial, en cualquier parte del mundo se señalan tres problemas fundamentales: En primer lugar, la capacidad de influir puede repartirse entre distintas cuentas sospechosas que pueden manejarse con propósitos maliciosos; en segundo lugar, la conversación política puede polarizarse aún más, y finalmente, puede intensificarse la difusión de informaciones falsas y sin verificar.

Otro término que se ha popularizado con las Redes Sociales es el de Troll y muchas veces se le confunde con los Bots cuando en realidad son muy diferentes. Un Troll es una persona que critica y ataca de forma sistemática a otra u otras, ejerciendo e incluso abusando de su derecho a la expresión en los medios sociales, en nuestro escenario político nos encontramos con estas dos prácticas y que cada día van en ascenso, como instrumento de agitación y propaganda política.

Por lo general son molestos ya que se esconden detrás de su propia cuenta para decir lo que no se atreven en persona. La principal diferencia de los Trolls contra los Bots es que lo primeros si son personas, a diferencia de los otros que son cuentas que no son quien dicen ser.

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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