19 octubre, 2021

En la medida que más acecha la muerte, las familias se unen más en el amor y la solidaridad

Gráfico de El Economista, México

“Los hombres temen a la muerte como los niños tiene miedo a la oscuridad, y de la misma manera que este miedo natural de los niños es aumentado por las historias que se les cuentan, lo mismo ocurre con el otro.” Francis Bacon

Estas reflexiones que comparto a través de Nuevas Miradas acerca de la vida y de la muerte son solo algunas ideas que pensé, es mi experiencia personal de haber vivido la vida y la muerte, es una descarga emocional de impotencia, llena de misterios, dudas y desesperanzas, una pandemia que ha arrasado en todo el mundo con las sociedades, donde lo único que queda es convivir con ella, vivir el sentido de la responsabilidad solidaria en el mundo y en la armonía social local

Julio César Guerrero Dias

La vida y la muerte son dos términos antagónicos, que cada ser humano lo recibe con una reacción propia. El nacimiento es todo un acontecimiento lleno de alegría por el florecimiento de un nuevo ser que será parte de ese clan que se llama familia, la muerte es totalmente lo contrario es el ocaso de la vida de un ser, y que dejará de ser parte de esa familia, me refiero necesariamente a la duración del tiempo de esa persona en este planeta el tiempo puede ser corto, mediano o largo plazo.

Dicen que la vida es una interminable hilera donde estamos ubicados los aproximadamente 7000 millones de habitantes de la tierra, que Dios como un gran planificador y organizador de nosotros puede hacer lo que él considere conveniente nadie le discute mucho menos lo desafían, hasta él mismo diablo cuando lo escucha lo obedece, de tal manera que como él todo lo puede ha hecho muchas hileras correspondientes a cada uno de los países que conforman la tierra, cada país tiene su hilera; nuestra hilera se llama Nicaragua de cerca de 7 millones de habitantes.

Siempre ha existido esa hilera ahora ¿porque nos asustamos? ¿será por la cantidad de muertos de los cuales todos los días nos damos cuenta? esa hilera que hacemos mención es muy especial nadie se puede ver, pero los que por el momento estamos vivos ya en esa hilera tenemos nuestro lugar, no podemos adelantarnos a alguien, no podemos irnos hacia atrás, no podemos hacernos a un lado, ni podemos cederle el lugar a otro, desde que nacemos somos inamovibles.

En esa hilera estamos todos negros y blancos; bonitos y feos; grandes y pequeños; gordos y flacos, creyentes y no creyentes; niños y adultos; con dinero y sin dinero; gobernados y gobernantes; poderosos y no poderosos, en fin nadie se pueda escapar de esa hilera que es el preámbulo de la muerte, unos permanecen poco tiempo en esa hilera, otros están mas tiempo, tampoco puede se puede pedir concesiones ni se puede sobornar a nadie para que se permanezca el tiempo que uno quiera.

Pareciera ahora que la muerte está mas cerca que la vida el acecho es en cada momento no sabemos a quién le toca salir de esa hilera. Todas las personas tienen un ciclo de vida, es decir nacen, viven, se reproducen y mueren. En esa trayectoria, cada persona desarrolla y lleva a cabo diversas capacidades y funciones, como alimentarse, sobrevivir, pensar, respirar, hacer amistades, si es que le da el tiempo para poder lograrlo, no sabemos.

Durante este ciclo los seres vivos piensan en algo que es inevitable como es la muerte,  pero nos encontramos que el ser humano ni se prepara ni está preparado para recibir la muerte ¿Por qué? sencillamente no hay receta para prepararse para eso, si hubiese alguna teoría que ayudará a amortiguar esos sentimientos no se sufriera tanto,  sería la gran pregunta como persona, es difícil descifrar el sentimiento que cada ser tiene hacia un ser querido.

Si bien es cierto que la muerte es natural, nadie la acepta de buena gana, aquí no hay opciones la única es aceptar o aceptar no te queda otro camino, por la tanto, no podemos ver la muerte como algo atractivo.

La vida, si bien es cierto que se quiere conservar, ahora  mas que nunca se torna llena de dudas, misterios, incertidumbres. La muerte hoy ha unido mas a las familias, amigos las relaciones sociales se han activados tuvo que ser la muerte la que lograra ciertos criterios de unidad; que ironías de la vida, decir un te amo, un te quiero no era común.
Cuando se piensa en el ciclo de vida o la trayectoria de esta, se habla de una de las fases más significativas que afronta el individuo desde sus primeros años de vida hasta su muerte.

La importancia de explorar este ciclo de los seres humanos es comprender las etapas por las que atraviesa este sentido, todos sabemos que no hay tiempo que no se venza, ni plazo que no se cumpla; la vida es de tiempo y plazo sin embargo a pesar que estamos claros que todos vamos a salir de la hilera nos cuesta aceptar que tarde a temprano en determinado momento ya no estaremos en esa hilera que se llama vida.

Al fin y al cabo, todos somos muchas veces filósofos en nuestra vida y en ocasiones de nuestra muerte, o bien cuando pensamos en nuestra existencia, valores, éxitos y fracasos. También lo somos al pensar en las vicisitudes de la vida cotidiana cuando, por ejemplo, recordamos a los seres queridos que nos dejaron, o que murieron, o a aquellos a quienes la vida los llevó por otros caminos. Podrán ustedes imaginar que los psicoanalistas constantemente tienen que filosofar por la sencilla razón de que nuestro quehacer supone el contacto con el ser humano sufriente, sus miserias y sus grandezas.

Cuando nos vemos frente a la muerte, sentimos que ésta ha irrumpido, interrumpido momentáneamente la vida; nos confronta y se nos muestra cruel, desconocida y misteriosa, y de hecho la vida y la muerte son un misterio.

Por lo que la gente trata de conformarse es através de la expresión común que todos decimos: “pasó a un mejor plano de vida, no sabemos si será verdad eso, porque nadie nos ha socializado que pasa después de la muerte”.

Cómo es ese otro mejor plano de vida. Solo un hombre nos pudo decir que era la muerte, es el único que resucitó al tercer día de su muerte, pero no nos dejó dicho nada para saber cómo es regresar de la muerte, hubiese sido interesante no cree usted.

Miguel de Unamuno en Del Sentimiento Trágico de la Vida sostenía que era inherente a la naturaleza humana el hambre de inmortalidad. Este anhelo de inmortalidad era lo que él llamaba amor entre los hombres, pues decía que el que ama a otro busca perennizarse en él.

El amor sería lo único que vence a lo transitorio, eternizando la vida. “De lo hondo de la congoja, del abismo del sentimiento de nuestra mortalidad, se sale a la luz del otro cielo, como de lo hondo del infierno salió el Dante para volver a ver las estrellas”

El ser humano es mortal, pero no quiere morir y sobre todo es el único que se conoce como tal, lo cual pone de relieve el carácter peculiar de este ser y, a la vez, que la desesperación es siempre posible para un ser que se sabe mortal.

¿Por qué nos da pánico la muerte? ¿por qué nos duele tanto conocer de la muerte de un ser que uno ha querido?

El hombre y la mujer, capaces de superar esa imagen cerrada y empobrecida de la vida puede comprender que ésta es más que el transcurso de los años, que la acumulación de las vivencias: la vida humana es más que su aspecto histórico o cronológico, como es más que su dimensión biológica.

La vida humana es también la capacidad de dotar de sentido a la propia existencia, de buscar fines y valores, de emprender empresas que van más allá de uno mismo, en definitiva, de encontrar la propia vocación y consagrar la vida a ella.

Hablar de la muerte es intentar abarcar un mundo casi infinito de posibilidades. Su complejidad hace que su estudio pueda adoptar muy distintas perspectivas y, aunque morir es siempre un proceso individual, es también un acontecimiento que afecta a aquellos que se relacionan con quien muere, evidenciando una dimensión social y cultural.

Las actitudes y comportamientos que las personas adoptan ante la muerte son el resultado de características y circunstancias individuales, por un lado, y del concepto y sentido de la muerte imperante en la sociedad, por el otro.

Seguramente, quienquiera que fuese preguntado acerca de qué es la muerte, invariablemente respondería de acuerdo con sus creencias y enseñanzas, pero cualquiera que fuera la respuesta se encontrarían pocos encuestados en condiciones de aceptarla sin objeciones ni miedos. A pesar de que el temor a la muerte parece ser más reciente, ya en el siglo XVIII Jean J. Rousseau sentenciaba: “Aquel que afirma que no tiene miedo a la muerte, miente. Todos los hombres temen a la muerte”.

El miedo a la muerte, el temor, sin nombre, a lo desconocido, un interrogante sin respuesta indudable que late en el fondo de nuestra conciencia. Con el fenecer del cuerpo, ¿termina eternamente la vida humana? Angustiosa pregunta que se hacen los mortales desde el comienzo del mundo. Testimonios de esa desazonante inquietud se hallan en muchos utópicos y muy remotos ritos funerarios y en los textos sagrados más arcaicos.

“No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo miedo es al trance, el ir hacía allá. Confieso que tengo curiosidad por saber de qué se trata.” (Atahualpa Yupanqui).

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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