19 enero, 2022

La violencia política y social una pandemia que desborda los sistemas en el mundo

Foto de Unidiversidad / NM

“La violencia es siempre un acto de debilidad y generalmente la operan quienes se sienten perdidos.”      Paul Valery

 

La violencia en todas sus manifestaciones es una pandemia que a lo largo de la historia de la humanidad pero el momento que vivimos es más evidente, la sociedad se enfrenta a muchas situaciones de carácter político, social y económico, los sistemas políticos son insuficientes para resolverlas

Julio César Guerrero Dias

El contexto mundial es cada vez de mayor oscuridad, dudas y desesperanza, problemas, conflictos, crisis sociales, políticos y económicos; en vez de ir disminuyendo y darle un sentido de esperanza al mundo cada día se suman más.

Todos los sistemas políticos tienen problemas frente a una cantidad de demandas que las diferentes sociedades exigen, hay que hacerle frente a situaciones como la violencia política, civil, migraciones, cambio climático, reducción de la pobreza, equidad de géneros, la igualdad de oportunidades, la seguridad ciudadana, el respecto a los derechos humanos, la libertad de expresión, la calidad de vida de la gente, el aspecto laboral.

El salario justo, el acceso a una educación de calidad, el derecho a la salud con calidad, la libertad, la dignidad de las personas, la democratización, el derecho a vivir en paz, las desigualdades sociales  en fin la lista puede seguir.

A pesar que existen muchos problemas en nuestro continente nos vamos a referir de manera directa a la violencia política, ya que esta es la más evidente en América, vive momentos de tensión donde la conquista o preservar el poder cada día se torna más violenta.

Donde los espacios de participación no son para todos, no caben porque un grupúsculo de personas se ha adueñado del sueño y de la esperanza de toda una sociedad que no permite un cambio de filosofía política donde el ser humano sea el centro, sea el protagonista de construir su propia historia.

En la historia de América Latina la presencia de la violencia en sus diferentes manifestaciones ha sido continua y más que continua ahora se ha convertido en la figura para disolver cualquier tipo de manifestación que incomoda al poder establecido.

Si revisamos los estudios e investigaciones acerca de esto que ocurre las referencias bibliográficas sobre este fenómeno, nos encontramos con su inclusión en la agenda de todas las ciencias sociales, con el fin de ser estudiada desde cada uno de sus enfoques, los cuales han variado notablemente a través del tiempo y en múltiples tipos de violencia, en el marco de lo urbano y lo político.

Sin embargo, lo que sí es claro es que, como manifestación humana, la violencia es uno de los fenómenos cotidianos que más contribuye al deterioro de la calidad de vida del hombre y la mujer no importando su contexto social y cultural.

Cada día se recrudece la violencia, se exacerban los ánimos todos los días hay muertos, perseguidos, encarcelados, exiliado, en todas partes ya las discrepancias por pensar diferente se ha convertido en pensamiento de odio hacia aquellos que no comulgan con el mismo pensamiento.

El raciocinio se ha perdido y esto es lo que provoca la violencia en el campo político, con implicaciones de otra naturaleza.

El término violencia ha recibido diversos significados para describir múltiples y distintos procesos en los que se involucra el hombre, y siempre identifica a una víctima y a un victimario.

Para la Real Academia de la Lengua Española se define de la siguiente manera: “violencia. (Del lat. violentĭa). f. 1. Cualidad de violento. 2. Acción y efecto de violentar o violentarse. 3. Acción violenta o contra el natural modo de proceder. Indicándonos la necesidad de acción para explicarla, y la presencia de alguien o de algunos para hacerla concreta” (Real Academia Española de la Lengua, 2000, p. 2093).

De tal manera que buscar una sola significación de la violencia es un camino de difícil tránsito, que más que llevarnos a una solución, nos pone ante opciones no concluyentes que pueden servirnos de guía y en contexto, aproximarnos a una comprensión del fenómeno.

Si bien es cierto que existen múltiples acepciones de violencia de manera general, la violencia política puede estar determinada por la filosofía política de cada individuo o grupos de personas, cada quien puede construir indicadores que cuando perdemos o nos cercenan nuestra libertad en el sentido de pensar diferente sobre posiciones ya sea políticas, sociales o económicas se está frente a una violencia política.

Por lo tanto, la búsqueda no termina, sino que nos lleva a una ampliación del espectro de investigación desde las múltiples miradas de las Ciencias Sociales.

Tenemos un escenario que justo exige comprensiones disciplinares que se complementen, pues finalmente es el estado como mediador político y ciudadano que requiere opciones para superar cualquier manifestación de violencia política. Vivimos en un mundo donde la intolerancia por pensar diferente nos lleva a manifestaciones o acciones irracionales, impulsiva de daño a las personas.

Este fenómeno siempre ha existido pero que ahora es más evidente, el concepto debe ser restringido en su extensión que es violencia, es cuestión en cuyo análisis deben hacerse intervenir sólo un número de variables que no impida su manejo operativo, es evidente también que contiene elementos donde se entrecruzan planos que van desde lo biológico y lo filosófico hasta lo polemológico, es decir la guerra.

La consideración de la guerra como el hecho constantemente repetido y tan antiguo como el hombre, especie de «epidemia social», el «mayor mal» que, en crítica dura de nuestro Luis Vives, nos asemeja a las bestias («bellum de belluis», dice), es el más espectacular y trágico de los fenómenos sociales que marca históricamente los límites de los grandes acontecimientos.

Esos acontecimientos desembocan en guerras internas y externas, están marcando el quehacer del día a día, aquí y en todos lados.

La violencia contiene y responde a factores etológicos (biológicos), psicológicos (mentales), psicosociales, simbólico, culturales, políticos, éticos e históricos, cuando menos. De ahí que muchas disciplinas tengan algo o mucho que decir sobre ella. Y que, como fenómeno de universalidad histórica irrestringida, su análisis historiográfico sea inexcusable, aunque hasta ahora haya sido poco frecuente.

Cualquier perspectiva que pretenda ser excluyente será inevitablemente unilateral. Arrancando de la violencia como elemento del comportamiento animal, una escala ininterrumpida de posibles tratamientos, entrelazados, además, se extiende hasta los niveles semiológicos y éticos, donde la sociedad con sus acciones, conducta y comportamiento evidencia el grado de inteligencia emocional que practica.

Se dice que el ser humano alcanza su madurez mental cuando es capaz de controlar y dirigir sus emociones ¿cuánto lo hacemos? ¿cómo se alcanza esa madurez? ¿porque la sociedad de ahora es violenta? ¿porque la mayoría de las personas siempre están a defensiva?

No hay una ciencia ni una disciplina de la violencia. Como hemos señalado, esta característica del comportamiento humano tiene tan multipolares manifestaciones que no hay una forma operatoria de poder dar cuenta de ellas, hasta hoy, con una focalización única. No resulta fácil la descripción completa de las manifestaciones violentas, porque no lo es su conceptuación unívoca.

Es indudable que la primera dificultad para el análisis social e histórico del fenómeno de la violencia es la de formular un concepto preciso y suficiente de lo que debe entenderse por ella. Por lo pronto, una larga disquisición sobre las formas de definirla corre el riesgo de encerrar en sí misma todo el tratamiento del tema, tejiendo una maraña de elucubraciones de la que sea muy difícil salir mejor informados que al entrar.

La violencia manifiesta, personal o institucional, es la que muestra un asalto físico al otro, bien sea por una sola persona o por una masa que obedece órdenes dentro de una institución.

La violencia “tranquila” que al fin es violencia maquillada de otra manera es la que se ejerce a través del despojo de unas personas por otras, bien sea a través de medios psicológicos, por la interdicción de ejercer derechos, por la negación del acceso a opciones sociales abiertas a otros.

El concepto de interdicción suele referirse a la privación de un derecho por orden judicial, mediante la interdicción establecida por una autoridad competente, al individuo se le niega parcial o totalmente el ejercicio del derecho, es lo que se ha llamado el tipo de definición expansiva y ética de la violencia, en esa definición es clave, como vemos, la acción de ser violados derechos.

En sus términos más genéricos, pero también intentando que sean los más exactos, nosotros entenderíamos por violencia toda resolución o intento de resolución, por medios no consensuados de una situación de conflicto entre partes enfrentadas, lo que comporta esencialmente una acción de imposición, que puede efectuarse, o no, con presencia manifiesta de fuerza física.

La violencia social enfrenta a las personas, los grupos sociales, las corporaciones o instituciones, las clases sociales, las etnias, de tal forma que no puede decirse que haya de antemano una determinación clara de las posibilidades y las capacidades de imposición de alguno de los bandos, porque puede suponerse un cierto equilibrio de potencialidades.

La violencia social incluye, y a veces en alto grado, la violencia criminal, pero hay otro tipo de conflictos en los que los antagonismos tiene situaciones de partida desiguales, medios desiguales y disputan sobre el orden social, el poder, y los derechos.

Es la violencia que se deriva de los conflictos entre gobernantes y gobernados, entre dominadores y dominados, entre clases. Es en la violencia política donde uno de los antagonistas tiene, en principio, mejores opciones que el otro, la violencia política es siempre una violencia vertical, pero que tiene una doble dirección, conservar el poder por esa vía y  el sometimiento de los gobernados  nos encontramos en una difícil tarea como sociedad civil, buscar alternativas para que la violencia política y civil que es la que nos marca la vida cotidiana vaya poco a poco reduciéndose de lo contrario estaremos siempre bajo los tambores de la guerra.

La violencia política y civil a ninguna sociedad la lleva a ser un espacio de crecimiento y desarrollo como seres humanos no dudo que podemos ser capaces de desaprender para aprender ese es el reto de cada uno, empecemos a ser nosotros mismos, démoslo la oportunidad de ser otros, y construir una sociedad donde lo dominante no sea la violencia sino la convivencia a pesar de lo diferente que podemos ser cada uno.

“La justicia sin poder está vacía, pero el poder sin justicia es sólo violencia.” De película Baramui Fighter

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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