19 enero, 2022

“Todavía no veo una luz al salir del túnel en lo social, político y económico”

Ilustración tomada de La silla rota / NM

“Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable está preparándose para la violencia” Tzvetan Todorov

Los conflictos y crisis sociales, políticas y económicas que sacuden el mundo están centradas en la violencia política y social, desigualdades sociales, violación a los derechos humanos como los aspectos más sentidos de las sociedades

Julio César Guerrero Dias

Si hay algo que es imposible hacerle frente es al movimiento del tiempo que está marcado por el quehacer de las sociedades en su espacio determinado.

A pesar de que las sociedades son diferentes, los problemas en la mayoría de ellas son comunes, una lucha constante para demandarle a los grupos de poder, social, político y económico una nueva mirada acompañada con acciones que verdaderamente tenga como propósito el bien común.

Cada año que pasa se percibe que en vez de reducir las inconformidades sociopolíticas se aguzan con mayor profundidad teniendo como resultado una sociedad más exigente, más violenta, demandando sus derechos.

Pareciera que nos encontramos en un callejón sin salida, ¿será que no haya salida? ¿por qué tanta resistencia a la búsqueda de una mejor sociedad? ¿seguiremos de la misma manera? ¿qué depara para las diferentes sociedades del mundo el próximo año? ¿para la nuestra qué? ¿estamos bien?

¿Hay optimismo para mejorar lo social y político? ¿usted como ciudadano cómo se encuentra? ¿qué le parece el momento que estamos atravesando? ¿cómo va a iniciar el próximo año igual, mejor o peor? ¿tiene esperanza que esta situación va a cambiar? ¿de quién depende?

Hágase todas las preguntas que usted crea, resultan necesarias para poder comprender con mayor conciencia el momento que vivimos, ha sido un año muy difícil para la mayoría de las sociedades del mundo y la de los nicaragüenses.

Las reflexiones de Georg Simmel (1992) enfatizan en el carácter sociológico del conflicto en la medida en que constituyen parte fundamental de las relaciones sociales.

Según Simmel, toda sociedad necesita un mínimo de armonía y de discordia simultánea, de amor y odio, atracción y repulsión; no existen grupos en armonía absoluta. El odio, los elementos disociadores y los celos, la miseria y la avaricia, son también un camino hacia la unidad, y el conflicto es una distensión de las fuerzas de oposición.

Estas consideraciones de Simmel pueden ser para muchas reflexiones no compartidas, pero no podemos esperar que una sociedad goce de mucha armonía. Las contradicciones entre los grupos sociales que conforman una sociedad son saludables siempre y cuando se consideren como procesos de aprendizajes para mejorar cada día lo que hacemos, y hacia donde querremos llegar.

Es así que lo que señala Jorge Luis Borge, tiene más sentido “quizás haya enemigo de mis opiniones, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”  eso tiene sentido, es la realidad  la que te exige a que pensé de otra manera, por lo cambiante del contexto, no se puede pensar siempre de la misma manera, esto le otorga el sentido a un sistema de verdadera democracia.

La democracia aquí y en todas partes no es perfecta porque los seres humanos son imperfectos, sin embargo se trata de aproximarnos a lo que se denomina el bienestar común, donde los grandes beneficiados tienen que ser los sectores de mayor vulnerabilidad.

En el siglo XXI cuando de pronto creímos que los problemas iban hacer menos, nos encontramos que son más complejos; vivimos con problemas más graves de lo que pensábamos en el ámbito de la ciudadanía y de los derechos humanos con el aumento de la violencia y la delincuencia, el respeto a los derechos ciudadanos es tema de discusión en todos los foros políticos internacionales, mientras existan órganos represivos del estado como instrumento para resguardar la “seguridad ciudadana”, siempre estos derechos van ser violentados, la violencia de los derechos humanos se grafican de diferentes maneras.

No hay país del mundo donde no se violen estos derechos, la diferencia es que algunos estados la practican de una manera eufemística, maquillada, mientras otros son más burdos, descarados, evidentes, donde el repudio y el rechazo social cada día suman más gente.

Los datos sobre la violación de los derechos humanos y la ausencia de respeto a los ciudadanos son alarmantes, como también el aumento de la delincuencia y la violencia, todo lo cual genera un clima de inquietud, donde los órganos que tienen que velar y garantizar la protección de la población lo dejan en un segundo plano y priorizan las acciones políticas que se generan en el seno de la sociedad.

Esta situación hace que sea posible pensar en una futura cultura del miedo en un contexto de gran incertidumbre, en el que las prácticas sociales se guíen por los principios de la sospecha y de la intolerancia.

Es este un contexto social en el que contrastan el fortalecimiento de las barreras sociales, los estereotipos y prejuicios, y la demanda de más represión con los principios de un Estado democrático, el gran problema es que la filosofía política de cada sujeto está bajo sospecha, cuando se piensa diferente a los que tienen el poder.

¿Cuántos ciudadanos están bajo sospecha por que piensan y expresan sus puntos de vista? ¿estará bajo sospecha yo, tú, él, ese, aquel, aquellos? ¿por qué tanto miedo a que se piense de otra manera? la salud de la democracia descansa sobre criterios de contradicciones, por qué permite el desarrollo social, político y económico de un país.

En la lucha por los derechos políticos hay necesidad de espacio para los derechos sociales, políticos y económicos, donde la lucha contra la pobreza y las desigualdades sociales, la creación de nuevos derechos y el derecho a una vida mejor ocupan un lugar central, la prioridad y el verbo de esa oración llamada derechos humanos debería de asumirla los tomadores de decisiones encabezada por el estado, como mediador donde es la vida del ciudadano la que está en juego.

Pero el fenómeno de la violencia ha adquirido nuevos contornos y se ha extendido por todos los intersticios de la sociedad contemporánea. La multiplicidad de las formas de violencia, la violencia política, de género, sexual, el racismo, la ecológica y la violencia simbólica en la sociedad, entre otras configuran un proceso de ruptura de la ciudadanía.

Si bien es cierto que este tipo de violencia también es una realidad, pero no está bien visibilizada, el foco de atención de la violencia en la ciudadanía es la sociopolítica, la representada por los diferentes organismos de carácter social, político y los medios de comunicación donde la agenda informativa de estos medios descansa en este tipo de violencia, lo simbólico es lo más subliminal, donde el discurso es acompañado con arte, que oculta la realidad y en muchos casos es legitimado por la población.

Por otro lado, nos encontramos tal como sostiene Michel Foucault, entre la legalidad y la ilegalidad existe, históricamente, una perpetua transacción que es una de las condiciones del funcionamiento del sistema de dominación, las leyes están diseñadas a la medida de los que ostentan el poder, por eso la lucha por alcanzar el poder político cada día es más complejo, cuando se alcanza el poder con una filosofía política que es diferente a la existente, lo violencia política se torna insoportable, ya que aunque se diga que la democracia es eso, la aceptación de los grupos sociales que son opuestos a este pensamiento político buscan nuevas opciones para impedir una gobernanza estable, armónica.

Pero la ley no es inherente a lo justo y lo equitativo; lo justo no viene dado por la revelación, es una noción profana y secular, una creación humana que significa que la existencia de la ley supone la existencia de una decisión sobre lo que está bien y lo que está mal, lo justo y lo injusto, y esta decisión se sostiene por medio de la fuerza de la ley, en suma, se convierte en una relación tautológica.

De tal manera el concepto de justicia deviene de la imposición de la ley, que le otorgan legitimidad, porque supone la legitimidad del orden legal y, por lo tanto, del orden social, no podemos negar que las leyes son instrumentos de control social de lo que se debe y como se deben hacer las cosas, aunque no compartamos esas leyes, pero si debemos de estar claros que si un ciudadano viola esa ley, tendrá que asumir su consecuencia.

En el proceso histórico social en el que se han anudado nuevas relaciones sociales en los últimos trescientos años, y que se denomina Modernidad, la ley se ha impuesto sobre el derecho (Foucault, 2001), en el sentido que solo se reconoce lo que es derecho porque lo expresa la ley, en este sentido las leyes han quedado cortas y con vacíos ya que no son justas, y el derecho ciudadano queda descubierta.

Pero la ley es por lo tanto el resultado de una contienda entre diferentes fuerzas sociales en una interacción agonística. Michel Foucault lo expresa de la siguiente manera: “La ley no nace de la naturaleza, junto a los manantiales que frecuentan los primeros pastores, la ley nace de las batallas reales, de las victorias, las masacres, las conquistas que tienen su fecha y sus céreos de horror; la ley nace de las ciudades incendiadas, de las tierras desvastadas, surge con los famosos inocentes que agonizan mientras nace el día” (2001, 55).

En tal sentido ponemos en duda que el control social, en especial el funcionamiento del control social punitivo, esté subordinado a la ley. Si observamos su funcionamiento no dudamos en reconocer que se ejerce de manera doblemente selectiva: castiga a sujetos débiles y no castiga a sujetos poderosos, es así que podemos entender a quién aplican la ley porque hay ciudadano de primera, de segunda y hasta de tercera categoría.

Lo que sugiere que el control social es una herramienta para mantener y reproducir el orden social más allá de la ley. La ley es sólo una herramienta para lograr y mantener el orden social, pero éste no se subordina a la ley. El orden social es el resultado de relaciones de fuerza y la ley, las leyes, creaciones continuas de fuerzas sociales en pugna.

Comprender que entre la legalidad y la ilegalidad existe históricamente una perpetua transacción, que es una de las condiciones del funcionamiento del sistema de dominación. Los negocios ligados al delito tienen una dimensión social extensa y dentro del delito organizado también pueden colocarse aquellos en los que participan instituciones estatales, privadas, organismos disfrazados de humanistas, instituciones religiosas, donde la ley es inaplicable excepto cuando hay ruptura entre el sistema de dominación.

La presencia de poderes ocultos en el seno de los gobiernos democráticos fue tratado por Norberto Bobbio en dos ensayos: “La democracia y el poder invisible” (incluido en El futuro de la democracia, 1965) y “Democracia y secreto” (de la antología Norberto Bobbio: el filósofo y la política (1996).

Bobbio sostiene que la democracia es el gobierno del poder público en público, por lo que es la antítesis de gobierno “privado” y además de gobierno “secreto”. La idea del Estado constitucional de derecho consiste en someter todos los poderes, sin excepción, a control y a la publicación de sus acciones.

Ahora bien, recordemos que Max Weber define al Estado como una “asociación de dominio de tipo institucional” (1977: 1060), por lo que aceptando esta definición puede explicarse su accionar selectivo; es “una asociación de dominio” (1977: 1061) y por lo tanto no se trata para Weber de una asociación dedicada al bien común u orientada a realizar el reino de Dios en la tierra, como lo proponía la tradición escolástica cristiana.

Con vistas al próximo año que inicia dentro de pocas horas nuestra sociedad ¿qué espera? ¿qué será lo diferente? ¿qué propuesta novedosa nos presentarán? quizás sea demasiado pesimista, apocalíptico y deseo estar equivocado pero, todavía no veo una luz al salir del túnel en lo social político y económico donde nos encontramos y no es porque no haya opciones, lo que ha faltado es voluntad de todos para ser una sociedad diferente.

“Hoy, a mí lo que más me preocupa, por encima de la situación económica, es la violencia. La violencia en todas sus manifestaciones, desde la guerra a la intolerancia” Jorge Bucay

 

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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