7 julio, 2022

“La revolución pedagógica humanista de nuestro tiempo debe centrar la educación en la personalidad del estudiante”

“La actividad más alta que un ser humano puede alcanzar es aprender para entender, porque el entendimiento es ser libre”. Baruch Spinoza.

La sociedad atraviesa los momentos más complejos de la historia de la humanidad donde los encuentros ideológicos, sociales, políticos, económicos, culturales, religiosos cada día se alejan y provocan confrontaciones que desembocan en el irrespeto al derecho humano, la protección de la vida

Julio César Guerrero Dias

El concepto de educación no está circunscrito exclusivamente a las instituciones educativas sino a los diferentes escenarios donde debe proponer o contribuir a desarrollar buenos ciudadanos, formar individuos capaces de proponer un cambio de sociedad más justa, donde el propósito sea el bien común, el bienestar de todos, respetando su manera de pensar, su posición ideológica, social, política y económica.

Si la educación es preparar al hombre y a la mujer para la vida, entonces aprender a vivir ese drama de la vida, significa, en primer lugar, que debemos prepararnos para saber qué tareas hay que llevar a cabo y cómo enfrentarnos con ellas, cómo armonizar y conciliar las acciones subjetivas que tienden a la satisfacción de nuestras necesidades y propósitos, con las acciones objetivas que provienen del ecosistema.

Aprender a vivir significa saber y poder hacerle frente a la circunstancia que se interpone o contrapone, accede o dificulta nuestros propósitos, es saber responder a los obstáculos y situaciones que interrumpen o entorpecen el camino, saber complementar las tareas que la vida cotidiana, en fin, tener la sabiduría de hacer a cada momento la acción justa, mesurada, apropiada, satisfactoria ¿nos orienta la educación sea formal o no formal para enfrentar estos desafío?

Decir que hay fórmula desde la educación formal o no formal para prepararse para la vida quizás resulta una utopía o una aspiración, este tipo de educación requiere de una de las tantas escuelas y escenarios que existen. Las otras escuelas con otros contenidos que es la que colabora para formar al sujeto más integral.

Se debe de considerar a las escuelas y contenidos de los medios de comunicación; la escuela del trabajo que desarrolla otros contenidos y habilidades; la escuela de la calle que es la que aporta tu realidad y la de los demás; la escuela de las amistades que desarrolla el sentido del aprecio, afecto, amor; la escuela de la espiritualidad que te acerca a tu creencia a tu fe, en fin pueden haber otras escuelas que son las que al final serán tus referentes para desarrollar la vida de la mejor manera.

Para prepararse adecuadamente para la vida, afrontar y satisfacer exigencias y demandas, para saber quiénes somos y poder dirigir y orientar nuestra conducta, para saber elegir y tomar decisiones, para poder resolver los problemas que la vida cotidiana, para convivir armoniosa y cooperativamente con nuestros semejantes. Para transformar creativamente el mundo en que vivimos, es necesario aprender a realizar aprendizajes básicos, un conjunto de lecciones fundamentales que es lo que podríamos denominar, a través del proceso de la vida humana, que vendría a ser la didáctica magna de nuestro tiempo.

Una pedagogía y una didáctica que todavía no la hemos podido encontrar porque estos aprendizajes necesarios no se encuentran tanto en la educación formal, no existe el diálogo entre los contenidos de las diferentes escuelas y la vida, esta fragmentación de escuelas y contenidos es lo que hace que no haya un desarrollo de forma integral en las personas.

Esta serie o sistemas de aprendizajes básicos es lo que deberíamos constituir como los objetivos fundamentales y el contenido de una educación para la vida, que como se puede apreciar, distan bastante de la educación tradicional intelectualista que se limita a enseñar las asignaturas escolares sin vinculación con esa vida humana concreta que hemos caracterizado con sus afanes, necesidades, problemas, tareas, valores, de hecho el contexto, la realidad es la que determina el tipo de aprendizaje que se debe adquirir para enfrentar el  momento que se vive.

Los aprendizajes básicos corresponden a la misma finalidad del sistema de la vida humana: formar una jerarquía u orientación de valores, un sentido de la vida al servicio del cual se subordinen y desarrollen todos los aprendizajes para la vida, que son vistos como atributos de esa dirección u orientación de valores que rige a la vida personal (véase Speller, 1978). De este modo, nos conocemos, nos dirigimos y controlamos, desarrollamos la voluntad, hacemos proyectos de vida, convivimos y nos comunicamos, trabajamos y creamos, afrontamos la vida.

Un sistema de aprendizaje convergente que contribuya a la realización plena de la persona lo cual implica una orientación hacia la meta ética de la excelencia, de una mejor calidad de vida, que es tender al mejoramiento individual y social (véase Chadwick, 1988).

Los aprendizajes básicos para la vida se pueden clasificar en tres grupos de acuerdo con los objetivos predominantes y a los aspectos principales de la vida a que se refiere, aunque debemos tener siempre presente que están íntimamente relacionados constituyendo a un sistema donde haya vasos comunicantes entre ellos para alcanzar la meta común, buenos ciudadanos.

Son los grupos que forman el sistema de aprendizajes para aprender a vivir, que corresponden a las actitudes y relaciones fundamentales que tiene el hombre y la mujer en la vida; aprender a vivir consigo mismo, aprender a vivir con los demás y aprender a afrontar la vida; pensar, valorar y crear.

Por otro lado, la autorrealización y desarrollo personal se efectúan a través del sistema de aprendizajes básicos los cuales no deben ser concebidos como una colección o sumatoria de aprendizajes diferentes unos de otros, sino que constituyan un sistema que integra, en definitiva, en un único aprendizaje total que es aprender a vivir.

La finalidad del sistema de los aprendizajes básicos consiste en satisfacer las necesidades superiores que promueven el desarrollo humano y tiene ese sistema, como columna vertebral que articula todos los aprendizajes, una jerarquía u orientación de valores que le da dirección o sentido a la vida.

Así, los aprendizajes básicos de autocuidado, del conocimiento de sí mismo, de poder dirigirse, controlarse y tomar decisiones, de orientarse y proyectar nuestras vidas, de saber convivir y comunicarse, de afrontar la vida, de pensar resolver los problemas y ser creativos, son aprendizajes que contribuyen al desarrollo personal y a la autorrealización bajo la rectoría del aprendizaje, valores y del sentido de la vida, culminar con aprender a vivir una vida buena, digna, excelente, superior, al servicio de la cual tributan todos los aprendizajes básicos.

La pedagogía de aprender a ser y a vivir, es decir, a ser humano o pedagogía de los aprendizajes básicos para la vida no es una novedad de la pedagogía actual, sino que constituye, en primer lugar, lo esencial del legado milenario que nos han trasmitido los grandes maestros y líderes espirituales de la antigüedad como son Lao Tsé, Moisés, Confucio, Buda, Gandhy, Jesús, Sócrates, y otros más, que predicaron el amor a todos y a todas, la dedicación de la vida a los valores superiores de la bondad, la verdad, la belleza, la justicia, la solidaridad.

Debemos de considerar que el conocimiento de sí mismo y de los demás, el control de uno mismo, la autenticidad, la honestidad, la felicidad y que nos enseñaron a trascender la mera existencia individual a través de acciones y obras de proyecciones extraindividuales, sociales y culturales, que es la forma en que las personas alcanzan su máxima autorrealización y su mejor calidad de vida.

Esta concepción de los aprendizajes básicos para la vida ha sido expuesta también, aunque de una manera más general o sintética, recientemente, en los informes de la UNESCO de las comisiones internacionales sobre la educación para el siglo XXI. Esta concepción de la educación para la vida basada en los aprendizajes básicos, que presentamos, consiste esencialmente en la integración y sistematización de las principales concepciones humanistas de los grandes maestros de la antigüedad, de los pedagogos modernos y de los psicólogos contemporáneos centrados en la persona y en el desarrollo humano.

Son concepciones que tienen como común denominador proponer a la realización plena de las potencialidades humanas que se logra a través de una serie de aprendizajes básicos para una vida de mejor calidad que es la que trasciende a la persona y se orienta hacia los valores humanos superiores, que constituyen el sentido de la vida y el objetivo final de la educación para la vida.

La vida humana no existe en abstracto, en general, sino concretamente en personas de determinada condición social, política, económica, cultural, religiosa, edad y de determinado género y que viven en determinadas condiciones histórico sociales.

Por lo tanto, la pedagogía del ser y la preparación para la vida no deben quedarse en la mera formulación general y abstracta de una serie de aprendizajes básicos, sino que se deben tener en cuenta también los aspectos o dimensiones concretos de la vida, que son esencialmente dos: el desarrollo ontogenético de la edad y el género; y la dimensión histórico social en que se vive, es decir el contexto la realidad.

Contribuir a la revolución pedagógica humanista de nuestro tiempo de centrar la educación en la personalidad del alumno y proponer al máximo desarrollo de sus potencialidades humanas, lo cual sería la mejor forma de prepararlo para una mejor calidad de vida y para que él contribuya a una mejor calidad de vida de los demás (véanse Rodríguez Roque y Luoro Bernal, (2000).

En cuanto a los medios y métodos es de suma necesidad investigar las formas, procesos y métodos mediante los cuales podríamos enseñar mejor los aprendizajes básicos para satisfacer las necesidades humanas y lograr el máximo despliegue de las potencialidades humanas, medios y método es lo que nos ha faltado tanto en lo formal como en lo formal para la construcción de un hombre y una mujer diferente.

La educación formal o no formal debe ejercer la investigación en el campo de la didáctica de la vida humana para conocer, desarrollar y aplicar los métodos más efectivos y eficaces para enseñar y aprender la materia más importante, la vida humana, para aprender a ser, y a convivir con todos.

Las perspectivas y posibilidades del cumplimiento y la satisfacción de las necesidades humanas superiores a través de los aprendizajes básicos, hace que la persona modifique el nivel biológico y la mera individualidad egocéntrica, reactiva, reproductiva, acrítica e improductiva, y se proyecte y ascienda al nivel humano superior de una concepción del mundo y de la vida, de una conciencia crítica, reflexiva y cuestionadora que promueva una conducta transformadora, creativa y amorosa y trascienda, así, del yo al nosotros, del yo a la comunidad histórica cultural, del yo a la realización de los valores superiores, de toda naturaleza incluyendo las espirituales.

La satisfacción de las necesidades humanas superiores, mediante los aprendizajes básicos, hace que cada persona, al lograr su autorrealización y el desarrollo pleno de sus potencialidades, aporte e inyecte en el mundo una porción más de verdad, belleza, bondad, amor y justicia y pueda convertirlo así en algo mejor de lo que encontró.

Ese sería el profundo sentido de la vida que fomentaría la pedagogía del ser o educación para la vida y en ello consistiría la más alta calidad que podríamos alcanzar para nuestra vida.

El objetivo final de la pedagogía del ser, de la preparación para la vida, no tiene, por lo tanto, la meta última en el propio individuo, sino que lo sobrepasa y supera proyectándose, por la fuerza del amor y la creatividad hacia los valores superiores más allá de su propia vida, como puede ser otras personas, causas importantes, la patria, la humanidad, la bondad, la justicia, la ciencia, el arte, la cultura, porque el despliegue y desarrollo del sujeto lo convierte en tránsito, afluente o tributario del río mayor de la sociedad y en este sentido, no sólo patria es humanidad, como decía José Martí, sino yo es humanidad.

Este aprendizaje de la trascendencia se hace a través de la autorrealización, que es una profunda necesidad existencial que implica liberarse de las ataduras individuales, ensanchar las fronteras del yo y crecer y trascender hacia los valores de la humanidad y la cultura, este es otro y el principal aprendizaje para una vida de superior calidad que consiste en una vida ética, buena, digna, excelente, fuente de todos los valores superiores, que como seres humanos necesitamos.

“El analfabeto del futuro no será la persona que no pueda leer, sino la persona que no sepa cómo aprender”.Alvin Toffler.

 

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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