7 julio, 2022

Una realidad tangible llamada BICU cumple 31 años y una interpretación de su libro histórico

Henry A. Petrie

En toda lucha o proceso constructivo que produce una realidad tangible, sus protagonistas tienen roles y grados de compromiso distintos. Los tercos y beligerantes marcan el paso, animan y empujan la carreta cuesta arriba, convencidos de que alcanzarán la cima.

Lo anterior se confirma en Surgimiento de la BICU ‒ La conquista de un sueño (agosto 2021, 1ra. edición). La Bluefields Indian & Caribbean University, fundada el 6 de junio de 1991, en la ciudad de Bluefields, en el apartado La Conclusión necesaria, se afirma que esta universidad «es el resultado exitoso de la conjugación de esfuerzos de todos los sectores de la sociedad civil, de las iglesias, los gobierno regionales y municipales, que han apoyado el andar de aquel sueño hecho proyecto, el proyecto que construyó la fuerte institución que somos ahora y que continuará solidificándose para el beneficio de los pueblos indígenas, afrodescendientes y mestizos de nuestras regiones autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua» (p. 185).

Aquel sueño tuvo importantes expresiones en 1975 y en 1984 ‒en este último año impulsado por un movimiento juvenil caribeño‒; luego se agigantó en 1990, con el triunfo electoral de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro, y surge el proyecto básico de la universidad caribeña. Correspondió al doctor Owyn Ernando Hodgson Blandford levantar la bandera con entusiasmo y a convocar a otros tantos para idear «un modelo universitario que obedeciera a las necesidades de los indígenas y afrodescendientes» (p. 34).

Entre aquellos soñadores se conformó la Junta Directiva fundadora, que funcionó durante el período 1991-1995 e integrada por los siguientes destacados caribeños: profesor Eduardo Argüello Ranking, presidente; doctor Alvin Guthrie Rivers, vicepresidente; obispo John Wilson Cristóbal, vicepresidente; doctor Owyn Hodgson Blandford, secretario; profesor Roderick Green Hewell, tesorero; máster Aníbal Domínguez, primer vocal; licenciado Mateo Collins Henríquez, segundo vocal; licenciada Amalia Dixon Cunninghan, tercera vocal y, licenciado Berth Bradford, relaciones internacionales.

El objetivo común se sobrepuso a las diferencias e intereses particulares, se trataba de «responder a la demanda educativa de un vasto territorio que habitan distintas étnicas, de características culturales diversas y en crecimiento poblacional. No solo se enfrentaron a visiones y conceptos cerrados del Pacífico, sino también a sus propias limitaciones materiales, temores, prejuicios y rivalidades políticas como consecuencia de la polarización social que generó la guerra civil de la década de los ochenta del siglo pasado». (p. 26).

En Surgimiento de la BICU se destacan, en la primera etapa de lucha (1990-1996), dos gremios que a partir de sus formaciones crecieron en cantidad y en calidad de su gestión. Me refiero a los estudiantes y a los docentes. Al respecto, Guthrie, en su prólogo o presentación del libro, reconoce:

«… sin aquellos primeros estudiantes y docentes que apasionados batallaron en cada momento; estudiantes que además de acudir a sus clases, invirtieron parte de sus tiempos y hasta de sus escasos recursos económicos para realizar distintas acciones, hasta en el hemiciclo de la Asamblea Nacional de entonces… Docentes totalmente desprendidos apostaron por el proyecto, aunque sus pagos haya sido la promesa de la realización, el sueño materializado» (pp. 11-12).

El proyecto inició con un curso de nivelación en matemáticas y física en la ciudad de Bluefields, con 110 estudiantes y dos docentes: ingeniero René Anderson y doctor Oscar Jiménez. En el transcurso se sumaron otros con similar espíritu de entrega que se multiplicó en sus extensiones a partir de 1995: Bilwi, Rama, Corn Island, Paiwas, Bonanza, Laguna de Perlas y Waspam.

Docentes altruistas convencidos de la autonomía de la costa Caribe, con fuerte vocación de educadores, preclaros de lo estratégico que representaba la universidad para el desarrollo integral de las regiones autónomas, se dispusieron plenamente a la obra. No importó que se les pagara diez córdobas la hora de clase, el amor y el entusiasmo estuvieron de manifiesto en sus enseñanzas. Estos ejemplos influyeron en aquellos primeros estudiantes para abrazar la idea de futuro, hacer realidad el sueño de décadas atrás.

Adelante estudiantes de la BICU / Avancemos con amor y entusiasmo… son los dos primeros versos del himno de esta universidad, soneto escrito por el poeta caribeño Julio Monterrey. Los estudiantes, el movimiento estudiantil, es el otro protagonista clave en la construcción de la primera universidad del Caribe de Nicaragua, autorizada por el Consejo Nacional de Universidades (CNU) el 5 de marzo de 1992 y cuya personalidad jurídica le fue otorgada por la Asamblea Nacional el 10 de febrero de 1993.

El movimiento estudiantil nicaragüense tiene una rica tradición de lucha; su participación en los procesos sociopolíticos del país, la autonomía universitaria y el 6% del Presupuesto General de la República para las universidades, ha sido determinante. En la costa Caribe ha tenido dos importantes expresiones: la autonomía y la universidad, cuya complejidad está dada por la marginación y el abandono histórico, el etnocentrismo y la centralización institucional.

Sin aprobación del CNU, sin un equipo de docentes y sin presupuesto para funcionar, el 6 de junio de 1991 se funda oficialmente la BICU, justo cuando se inició el curso de nivelación académica. Tres meses después, el 6 de septiembre, se constituye la Asociación de Estudiantes de la BICU, integrada inicialmente por 80 estudiantes y de naturaleza gremial y democrática, amplia y participativa. Sus primeros líderes fueron: Aníbal Domínguez y Yamil Acevedo, presidente y vicepresidente, respectivamente.

Su bandera de lucha: la aprobación de la universidad en Bluefields. La asociación fue reconocida por la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), el 1 de abril de 1993, según carta de su presidente nacional de entonces, Rafael Henríquez García. Los ejes de acción principales fueron los siguientes:

  • Misivas, comunicados y pronunciamientos varios de parte de la dirigencia estudiantil de la BICU, de estudiantes de secundaria, Pastoral Social del Vicariato y personalidades caribeñas, dirigidas a la Presidencia de la República, Asamblea Nacional, funcionarios de estado y personalidades nacionales;
  • Cabildeos de la dirigencia estudiantil de la BICU en la Presidencia de la República, el Consejo Nacional de Universidades y en la Asamblea Nacional, para lograr la aprobación del CNU como universidad, el otorgamiento de la personalidad jurídica y la inclusión de la BICU en la Ley 218, Ley de autonomía de las instituciones de la educación superior, estas últimas por la Asamblea Nacional;
  • Campañas de recaudación de fondos;
  • Mantenimiento de las habitaciones de becados: pintura, reparar camas, etc.;
  • 6% para las universidades.

El 2 de julio de 1992 inicia la lucha por el 6% en Nicaragua, diez meses después de haberse constituido la Asociación de Estudiantes de la BICU, quien participó activamente con manifestaciones en el parque de la ciudad de Bluefields y en las movilizaciones realizadas en la capital, con delegaciones estudiantiles caribeñas.

De acuerdo con lo sistematizado en el libro, asumo que la primera y fundacional etapa de la BICU, concluye el 13 de abril de 1996 con su inclusión en la Ley 218. Esto fue un logro importantísimo para esta universidad, ya no solo porque accede al 6% constitucional, sino porque como institución se fortalece al incorporarse como miembro pleno del Consejo Nacional de Universidades (CNU). A partir de este momento, comienza un largo período de extensiones, fortalecimiento institucional e incidencia en el desarrollo de la autonomía comunitaria y regional.

Muchos vigores se reunieron para dar a luz una universidad bilingüe, ecuménica y apartidista; declarada como patrimonio de los pueblos étnicos y comunidades indígenas de la Costa Caribe de Nicaragua, dirigida por nativos de estas regiones autónomas, «para formar profesionales y responder a las necesidades, aspiraciones, características y derechos específicos que tienen sus habitantes pluriétnicos y multiculturales de las regiones autónomas». (pp. 165-166).

La lucha, el logro y los procesos posteriores que han hecho de la BICU una institución de la educación superior con fuerte incidencia técnico-científica en la sociedad caribeña, no es más que la confirmación de su lema: La educación es la mejor opción para el desarrollo de los pueblos. Es lo que hay que cuidar y defender a toda costa.

4 de junio de 2022,

Henry Petrie

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