7 julio, 2022

Escucha a quien necesite ser escuchado, abre tus oídos al que pueda estar roto y descosido, contribuye a su mejoría

Foto de Daniel Colombo / NM

Doctor Leonel Arguello Yrigoyen (*)

Los nicaragüenses en los últimos 40 años hemos vivido dictaduras, guerras, injusticias, desastres como maremotos, terremotos, sequías y otras calamidades, lamentablemente las más dañinas y duraderas han sido las provocadas por los gobernantes.

Algunos ya las hemos olvidados como forma de protegernos, otros las hemos revivido con la situación actual que vivimos en nuestro país y una parte manifiesta expresiones variadas de afectación en su salud mental, mientras otros simplemente no la expresan, pero ahí están en un equilibrio débil. No hay nadie en nuestro país que no esté roto y descosido, aunque no lo aceptemos.

Y, la aceptación, es lo más difícil, pero primordial para dar el primer paso para la curación. Por eso hablar, manifestarse, expresarlo verbalmente es fundamental, restaurar el tejido social destrozado y crear nuevas relaciones y fortalecer las existentes contribuyen al cambio positivo.

Bien se señala que hablando se entiende la gente, pero para ello debe haber alguien con escucha activa o sea una persona que sea capaz y que tenga o adquiera la habilidad de no solo oír, sino escuchar, concentrarse en la persona que habla, comunicarse, expresarse que está entendiendo lo que la otra parte le está transmitiendo o tratando de decirle. Esto no es fácil, estamos más acostumbrados a hablar que a escuchar. Es más, estamos oyendo una opinión y damos la nuestra sin que nos toque en ese momento, inclusive hasta en los periodistas y comunicadores lo vemos cuando nos hacen la pregunta dándonos las respuestas.

Sí estamos rotos, tenemos los pedazos y la capacidad para pegarlos y sí estamos descosidos, es necesario aceptarlo y cosernos o pedir ayuda y entre todos y todas, para ir construyéndonos nuevamente. En este sentido tenemos un potencial enorme, pues tanta desgracia nos ha generado una gran capacidad de aguante, de resiliencia, de afrontamiento y de positividad para recuperarnos. Siempre salimos adelante, pero lo que debemos aprender ahora es salir de una vez por todas y no dejar que los desastres, aunque sean pequeños se nos acumulen, no dejar nunca más que nos rompan ni nos descosan.

El dolor no solo es físico, también lo es mental y duele peor. Ya bien lo señalaba nuestro poeta Rubén Darío: pues “no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror…” Por eso es necesario hablar, buscar ayuda con las personas de tu confianza y si es necesario, la ayuda profesional también debemos aceptarla.

Escucha a quien necesite ser escuchado, abre tus oídos al que pueda estar roto y descosido, contribuye a su mejoría, porque todo puede mejorar, aunque los que estemos afectados lo neguemos. Habla con el que lo necesita, que le estarás salvando la vida, sí con solo hablar y escuchar podés cambiar el rumbo y el destino, he ahí la gran fortaleza individual que tenemos y despreciamos al no usarla en bien de los demás.

Nuestra capacidad para sanar es ilimitada, usémosla para nosotros y los demás, así sea necesaria una y otra vez, porque la peor lucha es la que no se hace.

(*) Médico especialista en Epidemiología

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Dr. Leonel Argüello Yrigoyen

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