7 julio, 2022

“El diálogo social participativo y la comunicación son instrumentos esenciales de la democracia”

Ilustración de HILO.org / NM

El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.” Papa Juan Pablo II                   

Cada día las diferentes sociedades del mundo buscan alternativas para darle respuestas a las demandas sociales, políticas y económicas y una de esas opciones es lo que se denomina diálogo social donde los distintos sectores estén representados y donde nadie esté sobre otro y otra

Julio César Guerrero Dias

El mundo está atravesando situaciones de desequilibrio; la armonía y el entendimiento social están marcadas por la injusticia social, el irrespeto a los derechos humanos, el libre pensamiento y la palabra, el injusto orden económico a nivel interno y externo, la corrupción, el nepotismo.

Lo anterior obliga a reaccionar mediante la protesta violenta, lo que ha obligado a tomar decisiones como la expresión diálogo social, un término que está de moda, sin embargo no es raro que esa voz no aparezca en discursos  o documentos de las instituciones sociales, políticas y económicas de determinado país.

Cuando se refiere a diálogo social como doctrina está constante en afirmar que, desde el punto de vista científico, no se trata de una noción suficientemente precisa debido a que cuando se refiere a diálogo social, se tienen que entender que es a partir de diferentes situaciones que la sociedad presenta, y que siempre quedarán sectores no representados, si es que se desarrolla.

Definir el diálogo social es una tarea que no puede quedar desvinculada del pensamiento sobre el tipo de sociedad de la que se está construyendo. Quizás por esta razón son muchas las dificultades con las que se han encontrado los analistas, los pensadores cuando han querido dotar de precisión a un concepto que por su naturaleza se les vuelve escurridizo, dada su amplitud y complejidad de tiempo y espacio, muchas veces es impreciso.

Creemos que el diálogo social es una dimensión esencial del modelo de desarrollo que va a caracterizar la dinámica social y económica de un espacio en un momento histórico dado; además que emana de la propia naturaleza original de toda acción dialógica.

La idea es que los distintos actores vinculados al mundo de la actividad cotidiana puedan poner en común los diferentes intereses sociales, en su origen del conflicto para alcanzar consensos básicos sobre cómo construir un modelo de desarrollo y ciudadanía, y cómo generar normas e instituciones para gobernar acercándose a la democracia.

El diálogo social tiene una base teórica, por eso se afirma que es un término indefinido y abierto, que dice mucho y compromete poco, aunque en todo caso, parece verificarse cierto grado de consenso porque abarca a una diversidad de relaciones entre todos los sectores de la sociedad, instituciones, organismos, sindicatos, empresarios y poderes públicos, bajo la forma de encuentros y contactos que tienen necesariamente que llegar a acercamientos o puesta en común de determinadas situaciones que les competen a todos.

Desde este punto de vista, en tanto concepto muy amplio aunque restringido al sistema de relaciones sociales, el diálogo social incluye la negociación colectiva, a los mecanismos de información y consulta institucionalizados o no  a los medios participativos y voluntarios de solución de los diferentes conflictos que se presenta en la sociedad.

La participación orgánica o inorgánica en la sociedad a través de los organismos, instituciones, empresas o en instancias sectoriales y nacionales, y a la concertación social, incluidos los pactos sociales o acuerdos marco.

El diálogo social incluye todas esas instancias de interacción entre los actores, independientemente de que se agoten en sí mismas o den lugar a un producto; así, por ejemplo, la negociación colectiva es una forma de diálogo social por sí misma, aun cuando en el caso concreto no llegue a plasmarse todas las necesidades o demandas que exigen los diferentes grupos sociales.

La noción de diálogo social, con su carácter algo impreciso y por eso sugestivo y polivalente, tiene también una dimensión mayor, bastante más amplia, de contenido político y relacionada con la ciudadanía, la política, el gobierno, la democracia y la sociedad en su conjunto.

En efecto, hoy se acepta que la democracia supone pluralismo, esto es, el reconocimiento de la coexistencia de grupos autónomos con intereses diferentes y a veces contrapuestos, y que la articulación de los mismos debe, necesariamente, pasar por su reconocimiento y participación.

Así, la permanencia del diálogo social participativo y la comunicación son instrumentos esenciales de la democracia pluralista, la existencia de un diálogo social real supone la existencia de actores sociales fuertes, representativos e independientes. De faltar alguna de estas condicionantes, tal diálogo no existirá, o existirá una formalidad carente de contenido real, o será tan desequilibrado que en verdad encubrirá la imposición de la voluntad de algunas de las partes.

La existencia de actores sociales fuertes y representativos es un presupuesto o requisito esencial para el desarrollo de un diálogo social medianamente fluido y fecundo. Por esa razón, habida cuenta de la sociedad y de las dudas sobre la representatividad de algunas organizaciones de carácter sociales y sobre el peso y autonomía de los órganos gubernamentales con competencias sociales, el fortalecimiento de los interlocutores parece ser, por lo menos en los países latinoamericanos, una medida previa indispensable de cualquier política de promoción del diálogo social.

El diálogo social difiere de otras formas de gobernanza de las relaciones de diferentes formas por el tipo de resultados que produce y los medios para obtenerlos. El diálogo social genera resultados tangibles, como convenios colectivos y pactos sociales. Asimismo, puede facilitar la determinación conjunta de políticas públicas de ciertas áreas como principio fundamental el desarrollo social como bien común.

Estos resultados normalmente se obtienen a través de la negociación o la cooperación entre el gobierno y los interlocutores sociales, o entre los diferentes interlocutores sociales que participaren en dicho diálogo, también puede incluir la prevención y solución de conflictos.

En este sentido, difiere fundamentalmente, por ejemplo, de las decisiones unilaterales tomadas por gobiernos o los tomadores de decisiones en materia de diálogo social fomenta la inclusión, ya que es un proceso en el que organizaciones de la sociedad civil, organismos representativos e independientes, junto con gobiernos, buscan soluciones a cuestiones de interés común, los interlocutores sociales reúnen los puntos de vista de una multitud de personas de los diferentes sectores sociales.

En el caso de los sindicatos, esto se ve reforzado por sus estructuras democráticas y dirigentes electos. En los países en desarrollo, también se observa que los trabajadores de la economía informal y sus organizaciones cada vez tienen una mayor representación en las estructuras de diálogo social a través de la representación sindical.

En estudios académicos, esto se describe como dar una voz a las partes interesadas clave ofreciendo canales para su participación en los procesos de toma de decisiones

En consonancia con este principio, el diálogo social está particularmente adaptado para abordar los problemas de acción colectiva, los cuales son una cuestión que no resuelven la mayoría de los programas tradicionales de desarrollo, según las conclusiones alcanzadas por los institutos de investigación principales.

Los problemas de acción colectiva surgen cuando los miembros de un grupo no actúan juntos para obtener el resultado con el mayor potencial de beneficiar al grupo. Se ha demostrado que el diálogo social puede resolver problemas de acción colectiva en el área del trabajo decente y otras áreas, centrándose por ejemplo en soluciones que van más allá de la lógica pura de mercado y evitan la destrucción o el deterioro de puestos de trabajo.

De manera similar, el diálogo social puede establecer normas comunes o niveles salariales en una región o sector, lo que elimina en cierto grado estos elementos de la competencia y de este modo reduce la posibilidad de que se produzca una carrera a la baja en las condiciones laborales y ambientales.

El diálogo social, a través de sus procesos inherentes de intercambio de información, consulta, negociación y toma de decisiones conjuntas, permite a los interlocutores sociales compartir sus puntos de vista sobre las políticas y medidas que los afectan e influir en las mismas. Son elementos importantes de la democracia y pueden mejorar la perspectiva de apropiación democrática y la aplicación eficaz de estas políticas o medidas por parte de las autoridades públicas y los interlocutores sociales (OIT, 2013a).

Rendición de cuentas, además, el diálogo social ofrece una serie de oportunidades para reforzar la transparencia y la rendición de cuentas entre los diferentes actores participantes. Por ejemplo, en el caso de las consultas, los gobiernos tienen que proporcionar información sobre las medidas de seguimiento adoptadas. En algunos países, la ley exige que se proporcione esta información a través de estructuras institucionalizadas.

Además, la participación de los interlocutores sociales, como representantes de los trabajadores y empleadores, en las juntas de instituciones responsables de la seguridad social puede ayudar a garantizar una mayor rendición de cuentas por parte de la dirección (OIT, 2013a). En los textos académicos, se denomina contrarrestar relaciones sociales asimétricas, y las medidas van desde la participación en los procesos de diálogo social hasta distintos tipos de acciones colectivas

En primer lugar, los actores del diálogo social deben tener la legitimidad social suficiente para abordar estos temas. No se trata de una consideración formal o técnica, sino más bien de un asuntos político e ideológico. ¿En qué áreas está dispuesto el Estado a otorgar a los interlocutores sociales un papel más amplio? ¿Hasta qué punto se considera aceptable, en cuanto a un tema específico, que los interlocutores sociales celebren acuerdos centralizados en lugar de depender de fuerzas del mercado o de las acciones de empleadores y trabajadores particulares? ¿Consideran los trabajadores sindicados que es aceptable que sus representantes se involucren en algunos temas o dudan en dedicar energía de la negociación a temas que están menos relacionados con sus intereses directos específicos?

Por último, los actores del diálogo social deben disponer de las competencias y los conocimientos especializados necesarios para poder participar de forma creíble y eficaz en las cuestiones socioeconómicas más amplias en materia de desarrollo sostenible. Estas cuestiones son muy diferentes de sus asuntos cotidianos, que normalmente se centran en relaciones laborales individuales y colectivas y conflictos de redistribución.

El espacio latinoamericano es tan diverso y complejo como para que sea imposible describir un cuadro omnicomprensivo o general aplicable a los diferentes países que lo componen, ya que no se trata de un espacio regional solamente sino también de un espacio estatal y nacional muy complejo. Por ello las generalizaciones suelen ser fuentes de errores.

Sin embargo, es innegable que existen algunos denominadores comunes entre los distintos países que permiten analizar esta economía política desde una perspectiva general flexible que sea capaz de arrojar luz a los diferentes casos nacionales.

“El diálogo es, sin duda, el instrumento válido para todo acuerdo, pero en él hay una regla de oro que no se puede conculcar: no se debe pedir ni se puede ofrecer lo que no se puede entregar porque, en esa entrega, se juega la propia existencia de los interlocutores.” Adolfo

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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