11 agosto, 2022

Lo irracional, inverosímil y lo absurdo en la sociedad del espectáculo que congela el pensamiento

Gráfico de Revistacomnunicar.com / NM

“En la civilización del espectáculo, el intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón.” Mario Vargas Llosa

El cambio de época ha hecho de la sociedades vivir el vértigo de la velocidad, la ilusión, la fantasía, el gusto, la magia, el deseo donde predomina el espectáculo como forma de expresión, es el triunfo de lo irracional sobre la razón, lo inverosímil, el adormecimiento, el congelamiento del pensamiento

Julio César Guerrero Dias

Cada día, entender el quehacer de las sociedades en los diferentes escenarios ya sea local, regional o mundial, está determinada por lo que la gente hace, a partir de los modos de producción, donde la economía es la que determina qué se consume, donde lo que predomina es sobre la base del entretenimiento, el gusto, el deseo, lo que se denomina sociedad del espectáculo.

Por estas razones es que hoy las sociedades ya no mantienen tanto interés en aquellos problemas que verdaderamente son de necesidad para el bienestar, en función de un cambio social, de vida, es así que la sociedad del espectáculo funciona, donde el momento, el gusto, el placer, está por encima de lo demás,  el espectáculo, considerado en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto de un modo de producción existente, no es un suplemento al mundo real ni su decoración superpuesta, es el corazón del irrealismo de la sociedad real.

Nos encontramos frente a un modo de producción que cada día se aleja más de las necesidades de la mayoría de la gente estratégicamente, planificada y organizada desde las grandes industrias de la cultura bajo todas sus formas particulares, información, propaganda, publicidad o consumo directo de entretenciones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante.

Es la afirmación omnipresente de una elección ya hecha en la producción, y su corolario consumo, la forma y el contenido del espectáculo son idénticamente la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente, por mucho que se quiera cambiar de modos de producción desde las políticas públicas, el espectáculo nunca perderá su razón de ser en este contexto que vive el mundo moderno.

El drama, la tragedia, la muerte, el hambre, la pobreza, la falta de empleo, la injusticia social, la falta de libertades ahora se percibe como algo normal en las sociedades, producto de las narrativas de los diferentes medios de comunicación con que nos presenta cada uno de estos aspectos, esto hace que la sociedad padezca de amnesia rápida, el espectáculo hace perder la memoria histórica.

Es también el espectáculo la presencia permanente de esta justificación, en tanto que acaparamiento de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna estamos viviendo un mundo invertido, lo verdadero es un momento de lo falso,  en el espectáculo lo inverosímil, lo convierte en certero, lo falso en verdad, lo imposible en posible.

Pertenecemos al mundo de espejismo y fetiche que en determinado momento hasta nos hace dudar del sentido de la razón, de la lógica y de la realidad que vivimos.

El concepto de espectáculo unifica y explica una gran diversidad de fenómenos aparentes, la diversidad y contrastes de éstos son las apariencias de esta apariencia organizada socialmente, que debe ser ella misma reconocida en su verdad general, considerado según sus propios términos, el espectáculo es la afirmación de la apariencia y la afirmación de toda vida humana, es decir social, como simple apariencia, nos lleva a fabricar fantasías, ilusiones acerca de un mundo inexistente donde lo efímero alcanza mayor atención  que la realidad.

Pero la crítica que alcanza la verdad del espectáculo lo descubre como la negación visible de la vida; como una negación de la vida que ha llegado a ser visible, la forma con que nos representan los acontecimientos los diferentes medios y formas de comunicación ha convertido a las sociedades, en no tener como referentes los hechos del pasado, el vértigo de la velocidad nos ha convertido en vivir solo el presente sin pensar en el futuro, aunque ese presente solo sea una realidad fabricada a partir del espectáculo.

Para describir el espectáculo, su formación, sus funciones, y las fuerzas que tienden a su disolución, es necesario distinguir artificialmente elementos inseparables.

Cuando se analiza el espectáculo, se habla hasta cierto punto el lenguaje mismo de lo espectacular, en la medida en que se pasa al terreno metodológico de esta sociedad que se expresa en el espectáculo, pero el espectáculo no es nada más que el sentido de la práctica total de una formación económico y social, su empleo del tiempo es el momento histórico que nos contiene y que vivimos.

La sociedad que descansa sobre la industria moderna no es fortuita o superficialmente espectacular, es una sociedad fundamentalmente espectacularista en el espectáculo, imagen de la economía reinante, la finalidad no es nada, el desarrollo es todo, el espectáculo no quiere llegar a ninguna otra cosa que a sí mismo, el espectáculo somete a los hombres y mujeres en la medida en que la economía los ha totalmente sometido.

El espectáculo no es más que la economía desarrollándose para sí mismas, es el reflejo fiel de la producción de las cosas, y la objetivación infiel de los productores, allí donde el mundo real se transforma en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales, motivaciones eficientes de un comportamiento narcótico e hipnótico.

El espectáculo, como tendencia a hacer ver, por diferentes mediaciones especializadas, el mundo que no puede más ser directamente alcanzado, encuentra normalmente en la vista el sentido humano privilegiado que fue en otras épocas el tacto; el sentido más abstracto, el más susceptible de engaño, corresponde a la abstracción generalizada de la sociedad actual, pero el espectáculo no puede ser identificado al simple ver, aún combinado con el oír, la delicadeza y estética con que se proyecta lo que se quiere decir, es que lo que hace que dicho producto sea consumidos por una masa social infinita que al final se puede identificar con dicho producto que al final es la que le otorga el visto bueno a dicha espectáculo.

El espectáculo es lo que escapa a la actividad de los hombres, a la reconsideración y corrección de sus obras, es lo contrario del diálogo donde quiera que haya representación independiente, se reconstituye es el discurso ininterrumpido que el orden presente hace sobre sí mismo, su monólogo elogioso.

Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia, la apariencia fetichista de pura objetividad en las relaciones espectaculares esconde su carácter de relación entre hombres y entre clases: una segunda naturaleza parece dominar nuestro entorno con sus leyes fatales, pero, el espectáculo no es ese producto necesario del desarrollo técnico mirado como un desarrollo natural.

Por otro lado nos encontramos que la sociedad del espectáculo es la que elige qué es lo que va a consumir, elige su propio contenido técnico, si el espectáculo, tomado en el sentido restringido de “medios de comunicación de masas”, los cuales son su manifestación superficial la más arrolladora, puede parecer invadir la sociedad en tanto que simple instrumentación, ésta no es en realidad nada neutro sino la instrumentación exacta que conviene a su automovimiento total, a la acción personal que induce a hombres y mujeres a vivir bajo las miradas de un mundo que cada día es de fantasía.

Si las necesidades sociales de la época en la que se desarrollan tales técnicas no pueden encontrar satisfacción más que a través de su mediación, si la administración de esta sociedad y todo contacto entre los hombres no pueden ejercerse más que por intermedio de esta potencia de comunicación instantánea es porque esta “comunicación” es esencialmente unilateral; de tal suerte que su concentración consiste en acumular en las manos de la administración del sistema existente los medios que le permiten proseguir esta administración determinada.

La escisión generalizada del espectáculo es inseparable del Estado moderno, es decir, de la forma general de la escisión en la sociedad, producto de la división del trabajo social y órgano de la dominación de clases, el espectáculo no es más que unas estrategias del poder social, político y económico para mantener a la sociedad entretenida, sumisa, dormida y conformista y que no tengan una visión más abierta de los problemas que atañen a la mayoría de las personas.

El origen del espectáculo es la pérdida de la unidad del mundo, y la expansión gigantesca del espectáculo moderno expresa la totalidad de esta pérdida: la abstracción de todo trabajo particular y le abstracción general del conjunto de la producción se convierten en el espectáculo, cuyo modo de ser concreto es justamente la abstracción.

En el espectáculo, una parte del mundo se representa ante el mundo, y le es superior, el espectáculo no es más que el lenguaje común de esta separación. Lo que une a los espectadores no es más que un vínculo irreversible al centro mismo que los mantiene en el aislamiento, el espectáculo reúne lo separado, pero lo reúne en tanto que separado.

La generación del momento vive de manera directa el espectáculo, una acción que convoca a la gente a participar en dicha propuesta, donde los diferentes problemas que enfrenta la sociedad no son vistos como una necesidad a resolver, el espectáculo cierra las miradas para no poder tener una visión más allá, del entretenimiento, el gusto, el momento.

“La sociedad moderna ha invadido espectacularmente la superficie de todos los continentes. Igual que presenta los seudobienes que han de codiciarse, ofrece a los revolucionarios locales falsos modelos de revolución” Guy Debord (1967

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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