11 agosto, 2022

El distraído, una autoconfesión no apta para quienes creen nunca haber “perdido” su carro en un parqueo

Ilustración de Sabías.es / NM

Xavier Cruz

Cronista de Nuevas Miradas

Aparte de feo, de que no tengo ninguna habilidad con mis manos, que mi letra es ilegible hasta para mí –que recién descubrí que mi mano tiembla cuando aprieto el lapicero y que ello explica lo espantoso de mi letra– soy distraído…sii… ¿Qué les parece? Tras feo ¡distraído!
Algo que me ha acompañado desde siempre, unas veces más graciosas que otras, dándole gracias a Dios que en mi desempeño profesional no lo soy. ¿se imaginan presentando un recurso en una causa distinta?
La primera vez que me sorprendió la distracción estaba en segundo o tercer grado y la profesora Claudia Wilson Bustamante me manda a buscar un mapa a la Dirección:

— Javier vaya a la Dirección y traiga un mapa de América Central.
Yo solícito como siempre:

— Claro que si profesora!

Paso un buen rato metido en ese cuarto lleno de libros, mapas y mapas mundi, mapas de Centroamérica, pero nada del bendito mapa de América Central.

Vuelvo.

–Profesora, no lo encontré pero hay uno de Centro América, le sirve?
La profesora, una mujer dura – la edad la convirtió en una mujer amable y dulce – con una predilección por mis patillas, conteniendo una sonrisa me dijo:

— Si Javier, traiga ese mapa de Centroamérica, igual nos sirve.

Corro antes de que sus dedos de prensa agarraran mis patillas que ya tenían la forma de los mismos. Momento después me enteré de mi torpeza.
Les explico esto de Javier. Es que yo pasé llamándome Javier con J durante mis primeros 24 años, no fue sino hasta que tramitando mi título de bachiller, veo que en mi partida de nacimiento mi nombre estaba escrito con X. Mi padre que me inscribió olvidó ese detalle durante 24 años. Así que creo que esto de distraído es de familia.
Recién compré mi primer vehículo lo dejé en el parqueo y llegué a casa en taxi y, mi esposa:

— Xavier, ¿y el carro?

Salgo tirado a buscar otro taxi para ir a traer mi recién adquirido vehículo.

Días después salí a almorzar con Iveth Pineda Gómez y cuál es mi susto cuando no encuentro el carro. ¡Iveth!

–Otro día será el almuerzo, ¡me robaron el carro!
Y ella responde:

— Xavier Cruz, yo te conozco, calmate que en algún lugar debe estar tu vehículo parqueado.

Efectivamente, momentos después lo encontramos y hubo almuerzo.
Tiempo después, estoy intentando abrir mi auto y naaada. Cuando en eso veo que el vidrio se empieza a bajar y yo, ¡Diossss que ocurre aquí!
–Si Doctor? – me dice el sujeto dentro del carro y yo entre asustado y molesto le digo:

— Oiga usted, ¿qué hace dentro de mi carro?
— Doctor, este es mi carro. El suyo está ahí al frente, ¿lo ve?, me dice.
Y muriendo de pena expreso:

–Qué vergüenza señor, me disculpa.
Menos mal que era un vecino del complejo de oficinas donde para entonces trabajaba. Después de eso cada vez que nos encontrábamos sonreía, seguro acordándose del evento lamentable.
Otro día, me parqueo en el subterráneo del BAC y olvidé dónde carajo me había parqueado, no andaba ningún sistema de alarma y me tocó esperar mucho tiempo hasta que las posibilidades eran reducidas y entonces fue más fácil, ahí estaba mi carro, para jamás volver a ese subterráneo, prohibido para conductores distraídos.
Esto de los parqueos y mi distracción no ligan. En otra ocasión, ando reclamando un seguro en Lafise –casa matriz– y bajo con el ajustador para examinar el grado de los daños, segundos después, ¡Diosssss mi vehículo me lo habían robado del parqueo otra vez!
No es posible señor, ¡no está mi carro!, expreso asustado.
–¿Está seguro que lo parqueó ahí?
¿Que insinúa? ¿Me ve cara de qué?

Por supuesto que acá lo dejé parqueado.

Estaba muy molesto de que pusieran en duda mi dicho. Y es que como que la distracción igual hacía olvidar eventos similares recientes, algo así como, ¿es posible que esté equivocado?
El señor agarra su radio y llama a alguien de seguridad.
Una vez se acerca un uniformado, entre ellos empieza la plática.
–Este señor dejó su vehículo acá y no está, dice que se lo robaron, por favor revise las cámaras.
¿Que marca es su vehículo? me pregunta el guarda.
–Toyota Corolla, respondo.
–¿Qué color?
— Gris.
Y entonces me dice, ¿De casualidad no es ese que está al otro lado?
Y con mi corazón agitado, de tan alegre de que no se me habían robado el carro que no sentí pena esta vez.

–Gracias señor.
Otro día salgo y mi vehículo tenía toda la parte trasera chocada.
Enojado llamo al cuidador:

¡Cheeele? y sale corriendo el joven.

–Si Doctor….
–¡Ideay, te pago para que me lo cuides y mira!

-¿Cómo ocurrió esto? ¿Por qué dejaste que se fuera el sujeto?
Y sin inmutarse por mi enojo me dice:

–Cálmese Doc. ¿De qué habla?
–¿Cóoomo que de qué hablo? No ves, ¡me chocaron el carro!
–No mi Doctor, me dice, allá está su carrito, venga que me le va a dar un infarto de puro aire!
Que vergüenza Dios mío y que pena por el joven.
Con este mismo muchacho, salgo y un camión de una tienda de electrodomésticos está parqueado detrás de mi vehículo.

¡Uyyyyy que arrechura y cuando más prisa andaba.
Entro a la tienda, y el cuidador detrás de mi.

–Doctor, venga, venga y yo enojado no hice caso a las palabras del joven cuida carros y una vez dentro,
–Perdonen. El chófer de ese camión, ¿dónde está? Y un tipo menudo sale y dice:

— Yo señor.
Y visiblemente molesto expresó:

–¿Dónde carajo aprendió a manejar?

No sabe que no se puede parquear interfiriendo la salida a otro auto?
Si disculpe, ya voy, me dice.
–¡Nada de disculpa ni de que ya va, por favor lo quita ahora mismo!
Y en eso el joven cuida carros no se aguanta y me agarra.

–Doctor venga y me dice al oído, ese carro no es el suyo.
–Ay Dios, qué vergüenza ante el conductor, ante las vendedoras y todos que se lanzaron el chow, salí rápido y sin saber dónde meter mi cara.
Los jóvenes que cuidan carros en Nejapa estaban pendientes de mi salida, yo les pagaba para que me dijeran dónde estaba mi vehículo, no para que me lo cuidaran, literal, así ni más ni menos.
Tan distraído que una vez saliendo del cine con mi esposa, tomo de la mano a otra distraída y caminamos juntos varios metros mientras mi esposa y el esposo de la distraída veían el espectáculo, hasta que ambos nos dimos cuenta.

11 comentarios en «El distraído, una autoconfesión no apta para quienes creen nunca haber “perdido” su carro en un parqueo»

  1. Leyendo tus crónicas vuelvo a mi infancia primera, mi niñez, adolescencia y juventud…

    Con ellas aprendí a conocer Nicaragua, la que conocí (valga la redundancia) después de los 40 años… Cosas de la vida conocí primero Toledo en España que Bluefields…

    Te envío un saludo y un abrazo fraternal mi amigo

    1. Gracias por leerme siempre Ronald. Ayúdame a difundir entre tus contactos la revista virtual NUEVAS MIRADAS. Un abrazo y con el cariño de siempre

  2. Gracias por compartir sus anécdota. Las cuales disfruto leerlas ya siempre hay algo nuevo y em muchas ocasiones me he reído. Porque no son ocurrencias sino experiencias vividas. Y a quién no le ha pasado, reirse hasta de uno mismo cuando le ocurren este tipo de cosas.
    Saludos.
    Éxitos.

    1. Gracias Diana por Leerme. Cada semana tendrás una crónica para leer. Ayúdame a difundir entre tus contactos la revista virtual NUEVAS MIRADAS.

  3. Hola. Soy un asiduo lector de sus crónicas las cuales me resultan: hilarantes, interesantes, entretenidas, pintorescas, cultivantes, sus innumerables vivencias, parecen ser una fuente inagotable, convertida en arte.

    1. Gracias hombre Roger por Leerme siempre. Cada semana tendrás una crónica para leer en esta revista. Difunde entre tus contactos.

  4. En efecto los distraídos de algo sufrimos recuerdo que en cierta ocasión rumbo a la oficina de mi hermano en el cruce de la esquina donde estuvo distribuidora VICKY logré cruzar la calle evitando me atropellara un vehículo pero no avisté a tiempo el tronco de un árbol que por naturaleza está torcido hacia la derecha dándome tremendo encontronazo en mi humilde frente que no me explico cómo no me la rompí cayendo de regreso al pavimento y yendo a caer mis anteojos al mismo de suerte que el conductor que venía en ese momento a baja velocidad no me arrolló sino no estuviera contando el cuento

    1. Jajaja jajaja jajaja gracias Gerardo por hacerme reír con esa experiencia. Y gracias por leerme. Cada semana tendrá una crónica en la revista virtual NUEVAS MIRADAS.

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