El fanatismo político un engendro del populismo

Alba Rosa Pastora Olivares (*)

Desde que el 19 de abril irrumpió en un alzamiento contra el gobierno populista de Ortega-Murillo, las muestras de fanatismo han proliferado por distintos puntos del país, generando violencia e irrespeto a los derechos humanos de la ciudadanía que se ha manifestado en contra de la dictadura.

El populismo no es una forma de gobierno, sino una expresión para gobernar puesta en práctica por aquellos gobernantes manipuladores que persuaden a las masas y se aprovechan de las necesidades de éstas. Expreso «masa» ya que cuando los  individuos se dejan llevar por «cantos de sirenas» cambian su dignidad, su individualidad, por prebendas materiales y se convierten en masa fácil de manejar, sin voluntad propia para decidir por sí mismo, de aquí surge el fanatismo político, creer que su líder es el dueño de la verdad.

Veamos qué es un fanático. De inicio, es una persona con una baja autoestima, no ve más allá de lo que considera su realidad, no escucha razones, idealiza a su líder por encima de todas las cosas, aún hasta de su propia familia. En la actualidad, cuántas familias nicaragüenses están divididas producto del fanatismo político. El fanático no escucha razones por muy palpables que esté la verdad; si se le demuestra con hechos que su líder está fallando, no creerá nunca, porque está cegado por las mentiras que ha venido recibiendo a través de múltiples discursos cargados de embustes y promesas populistas. Peor aún, el fanático impone su criterio a los demás, así tenga que matar por ello.

Ejemplo de fanatismo político son los acontecimientos de los últimos días acerca del color que deben llevar los monumentos de héroes y mártires, así como el monumento erigido a Sandino en su ciudad natal. Dejo estas preguntas: ¿Acaso no son nicaragüenses los fanáticos? ¿Hasta dónde estos tienen nublada la razón, para no darse cuenta que al desdeñar la bandera e imponer un capricho partidario que no representa a Nicaragua, están despreciando el suelo que les vio nacer? ¿La ceguera fanática no los deja analizar que el partido en el poder no es el mismo por el cual murieron nuestros héroes y mártires en la guerra de liberación nacional, ni siquiera se acerca a los sueños de los verdaderos fundadores del sandinismo?

También les recuerdo que las personas en el poder han irrespetado nuestros símbolos patrios como les ha dado su real gana, ¿se ha olvidado la forma que le dieron al triángulo equilátero que va en el centro de nuestra bandera nacional?

Bien lo dijo Platón, dos grandes males atacan a la humanidad: la locura y la ignorancia, y de esta última se alimenta el fanatismo, el cual se caracteriza por su intolerancia al cambio, falta de pensamiento crítico-reflexivo, suele distorsionar la realidad, incita a la violencia, siembra el caos, induce al vandalismo. Aunado a todo lo anterior, se vuelve más destructivo cuando cuenta con recursos proporcionados por los líderes a quienes defiende para causar daño a todo aquello que no esté de acuerdo con sus creencias.

En conclusión, el fanatismo es una respuesta a la inseguridad y el miedo de las personas. Se presenta como una «tabla de salvación» y propaga convicciones absolutas e incuestionables frente a la realidad. Los grupos que han realizado los enfrentamientos contra el pueblo autoconvocado, no distan de tener las características antes mencionadas.

Todos estos grupos ideológicos reiteran constantemente la existencia de un gran peligro latente, solamente un proceso de concientización profundo quizás podrá hacerles ver el error en el que se encuentran, unirse a una lucha común en pro de una Nicaragua libre, soberana e independiente.

(*) Miembro de Acción Creadora Intercultural, ACIC.

 

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