El figureo, la grandilocuencia y la mentalidad de corral no hacen a un joven escritor

Henry Petrie

Grandes escritores han afirmado que para bien escribir hay que leer tanto más de lo que se escribe, Borges, uno de ellos. Carlos Martínez Rivas, el solitario insurrecto, fue un gran lector. No solo disfrutaba de los libros, sino que se peleaba con sus autores, esencialmente clásicos: Dante, Shakespeare, Cervantes, Goethe, Hugo, Zola, Proust, Poe, etc., además de sus contemporáneos nicaragüenses y latinoamericanos.

En el poco tiempo que conversé con este gran poeta, me enteré que sus lecturas no constituían un simple acto, sino una dialéctica donde afloraba el cuestionamiento, porque la palabra debe expresar vida, invitar al diálogo y a la controversia.

La lectura, si es beneficiosa para todos, para un escritor es esencial.   

En distintos momentos del desarrollo histórico literario nicaragüense, ha habido jóvenes y grupos juveniles literarios con particulares concepciones y actitudes. Algunos inspirados en Darío y las pléyades que le siguieron, o bien, maldiciéndolos. Ciertas posturas de ese variopinto juvenil, dichosamente minoritario, ubican la lectura y las técnicas de la escritura como innecesarias, siendo lo más importante el sentimiento. Por lo general, su eje monotemático es la obra de los escritores del canon que se establece, o bien, dos o tres libros emblemáticos, discriminando todo lo demás.

Hace tres meses conocí a Manfredo –seudónimo que usó–, un joven de la UNAN-Managua que me habló de Trilce –César Vallejos–. Lo escuché como si fuese una grabadora. No leyó, se aprendió de memoria algunos poemas. Y habló del peruano como para convencer de su grandeza e importancia en la literatura latinoamericana.

Claro, se lo había metido a como diera lugar, el escritor que le brindaba talleres o actuaba como tutor.

Solo escuché. En un momento dado, se percató que algo de su monólogo no estaba resultando bien. Me preguntó quién era mi iluminado en la poesía. Todos y nadie, respondí. Es triste conocer solo a un poeta, por Darío, Vallejos o Borges que sea; como tan triste es concebir que la vida solo es posible en la Tierra, como si no fuese manifestación del Cosmos mismo.  

Me despedí y me fui con un mal sabor. A las cinco semanas después, me llamó para disculparse. Llegó a la conclusión que necesitaba un amigo que lo apoyara, porque, según sus palabras, estaba siendo bien orientado.

De pronto, por el ego enfermizo, el figureo, grandilocuencia y la mentalidad de corral, deformamos.   

Henry Petrie

Henry Petrie

El círculo | No se trata de leer, simplemente, sino de desarrollar pensamiento lógico y crítico.

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