El mismo Ortega frente a otros jóvenes, con nuevos códigos

Henry Petrie

Entraron al salón dos otrora comandantes de la revolución, Daniel Ortega y Bayardo Arce, acompañados de una comitiva gubernamental. Por supuesto, al lado del Presidente, Rosario Murillo, la esposa y vicepresidenta.

En un hombre como Ortega, es normal que los laureles de su ego, le indicara que su personalidad histórica surtiría más de algún efecto, su autoridad política y moral se impondría a los «chavalitos» o «minúsculos». Es decir, la representación histórica de la revolución sandinista iniciada en julio de 1979, se presentó creyendo en la fuerza de su mito y de supuestos valores o códigos, que, de tanta retórica y escasa argumentación histórica, para las jóvenes generaciones presentes, resultan un relato que, a tanta manipulación, yace lullido y pisoteado por el fanatismo, el servilismo y el prebendarismo.    

Aquella autoridad política y moral indiscutible para antiguos sandinistas, se fue deteriorando con los años, porque no es suficiente conservar el grado histórico, sino respaldarlo con su actitud revolucionaria personal, con la consecuencia del discurso y la práctica. Ahora, ante una cuarta o quinta generación desde aquel 1979, el discurso, la retórica, la diatriba disque socialista y antiimperialista en supuesta defensa de los pobres, resultan huecos, sin sentido, cuando sus referentes son capitalistas millonarios. Los códigos de estos jóvenes son otros.

Claro, para los fieles orteguistas, más no sandinistas, su líder Daniel es un mito, su ídolo, sin que importe qué tan lejos se encuentre de la naturaleza del sandinismo. Refieren una historia con tremendos agujeros, por la conveniencia de un núcleo de empresarios, corruptos y oportunistas que se han alimentado de su peculado.

Pero, los muchachos universitarios que asistieron el miércoles a la apertura del diálogo nacional, desconocieron mito y autoridad, porque para ellos, aquel que otros adoran, carece de moral y de credibilidad política. Estas nuevas generaciones de jóvenes, se acepte o no, tienen otros códigos, otra mentalidad y visiones, otras realidades y expectativas de vida. Para ellos, lo político está vinculado a corrupción, deshonestidad y enriquecimiento ilícito. La autoridad moral no deviene de lo histórico ajeno –por tergiversado y oscurecido–, sino de la pedagogía de la consecuencia, del pensamiento y la acción, de la verdad y la razón.

Los partidos políticos nicaragüenses y de Latinoamérica, jamás han estudiado a sus juventudes nacionales; su móvil ha sido la utilización y alienación, como toda industria de mercado. Hoy en día, ciencia y tecnología constituyen fuertes aspiraciones juveniles, pese al atraso de la educación, en particular de las universidades, en materia de investigación. La conciencia juvenil va más allá del partidismo, es menos idílica, más horizontal y contextual. Nuevos códigos y valores se están construyendo.

Se equivocaron los adalides frente a una joven generación que incluye a sus hijos, sobrinos y hasta nietos; se equivocaron en la lectura e interpretación del movimiento de protesta, ahora multiplicado en temas y sectores sociales, por una mentalidad retrógrada y obcecada. No se trata de defender el reflejo de una revolución frente a una juventud, cuya ideología es la rebeldía, la vivencia y el concurso estudiantil, la causa social y ecológica, la construcción de sus propias vidas. Son jóvenes que no tienen formación política –aquí su principal debilidad–, pero que, de manera clara, saben identificar los vicios de la clase política, la demagogia y la depredación.   

Al margen de los colores partidarios, Daniel Ortega fue un líder nicaragüense cuyas obras han de evaluarse –en algún momento– en su justa dimensión sociológica e histórica; un líder que no supo cuidar a su partido, llevándolo a un extremo caudillista sin formación política e histórica. Aquel liderazgo, aquella moral, acabó, quedó atrás, al margen de lo que resulte del diálogo nacional.

Henry Petrie

Henry Petrie

El círculo | No se trata de leer, simplemente, sino de desarrollar pensamiento lógico y crítico

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