Millenials y posmillenials: insospechada reacción al calor de las injusticias

La ruptura que terminó en protesta y que cuestiona profundamente al sistema

¿Jóvenes piensan en un cambio de sistema?

La rebelión de abril o el vuelo insospechado de las luciérnagas

Nuevas Miradas / El rompimiento fue abrupto por el hastío de las formas tradicionales de hacer política y de conducir el país. Pese a vivir en hogares donde habitan los actores de la guerra de la década de los ochenta, las características generacionales que aún no eran visibles por los estudiosos, terminaron por romper el ciclo. La decisión de los jóvenes es cambiar el sistema de raíz. Esta generación está en erupción, no parece tener retroceso.

El Salvador 1944: la revolución cívica universitaria que acabó con un dictador

Nicaragua 1960-1970: los jóvenes no han dejado de luchar

Carlos Morales / NM

Durante las primeras jornadas de protestas, los jóvenes se apoderaron de lugares emblemáticos como la plaza donde se erige el monumento a Alexis Argüello.

La rebelión de abril o el vuelo insospechado de las luciérnagas

Juan Ramón Huerta

Carlos Morales Zapata

Diseño: Omari García

Nuevas Miradas

“Esta juventud fue forjando su conciencia social y política ante la desigualdad económica, la degradación del medio ambiente, las violaciones constitucionales y la concentración del poder”

Henry Petrie, escritor.

Pasaron diez años — entre que asumió la presidencia Daniel Ortega (2007) y la crisis de abril (2018) — conservando, digiriendo y contemplando el secreto mejor guardado por la mayoría de la juventud nicaragüense. “Muchos jóvenes estaban documentándose, tratando de comprender los fenómenos sociopolíticos del país para emprender acciones cotidianas por el cambio, desde su relación con el ambiente, la diversidad sexual, las interpersonales y de pareja, derechos humanos”, expresa el periodista y escritor Sergio Simpson.

Archivo / NM - Sergio Simpson, escritor

“Quienes observaban a los jóvenes alejados de los temas políticos es porque no lograron conversar con ellos, no hicieron estudio de campo permanente, sino ocasional y esporádico”, agrega Simpson.

Sobre este asombroso fenómeno para unos y natural para otros, el escritor Henry Petrie Bejarano sostiene, “La tiranía se alejó de la juventud nicaragüense al grado de desconocerla, no la vio crecer y jamás comprendió sus más genuinas inquietudes y aspiraciones. La juventud, más allá del spot de amor y paz, se convirtió en el gran desierto inexplorado, y muchas luciérnagas decidieron alumbrar y volar”.

Carlos Zapata / NM

Este punto, en el sector de las universidades UCA y UNI, fue el que registró las primeras movilizaciones del 18 de abril.

En el presente trabajo periodístico se aborda el protagonismo generacional, a cuyos actores les correspondió librar la primera batalla cívica de los últimos 70 años en Centroamérica si se toma como referencia la de los años 40 en El Salvador contra el dictador Maximiliano Hernández Martínez y que el investigador de la Universidad Centroamericana, UCA, Mario Sánchez ubica como referencia.

Lo iniciado en abril del año 2018 en Nicaragua, ¿es la primera revolución cívica de los millenials y los posmillenials? Los interlocutores y documentos investigados por Nuevas Miradas, indican que no es tan así porque si bien constituyeron el motor de las primeras movilizaciones y tuvieron la audacia de unir a otras generaciones, es muy temprano para afirmarlo con propiedad, deja entrever el investigador y autor de la tesis “Los millenials en Nicaragua”, Ernesto Valle.

Archivo / NM - Ernesto Valle, Investigador

El antecedente histórico inmediato en Nicaragua de un movimiento juvenil aglutinador que haya enfrentado a una dictadura, está en la llamada mundialmente como “La insurrección de los niños” en Matagalpa, en agosto de 1978, un año antes del triunfo de la revolución nicaragüense de 1979.

Sin embargo, este grupo de niños y adolescentes, sin internet y desprovistos de información, se nutrió de las experiencias de haber paralizado a la mayoría de institutos del país a partir de una huelga escenificada en el instituto matagalpino, “Eliseo Picado”, en demanda de la destitución de su director a quien acusaban de ser somocista.

Aunque se trató de niños y adolescentes, la insurrección de agosto de 1978 en Matagalpa fue armada, en cambio, la de abril de 2018 es cívica.

Archivo / NM - Henry Petrie, escritor

“Siempre esperé nuevas luchas estudiantiles en los recintos universitarios, incluso, en los colegios de secundaria. Pero, soy honesto, jamás imaginé la magnitud, la fuerza de las protestas estudiantiles iniciadas en abril del 2018. Digo iniciadas porque esto no ha acabado”, responde el ex coordinador de la Juventud Sandinista entre 1990 y 1992, el escritor Henry Petrie.

En contraste, el escritor y embajador del gobierno de Nicaragua en España, Carlos Midence, en el libro “Nicaragua en crisis” desmiente el carácter “autoconvocado” y espontáneo de las manifestaciones que dieron inicio en abril, asegura que los jóvenes y los grupos organizados de la oposición han sido víctimas de manipulación y engaño, en el marco de una “guerra híbrida” contra el sandinismo.

Midence, en defensa del Frente Sandinista en el poder, se refiere a los jóvenes de la revolución cívica de abril como “algunos sectores medios, pequeño sector del estudiantado que no tiene claridad de lo que hacen o dicen reivindicar, lúmpenes urbanos activados por medio de un pago diario, grupos provenientes incluso del narcotráfico, cuyo interés es desmontar el estado nicaragüense y sus instituciones, para anarquizarlo”.

En cambio, el científico social, doctor Andrés Pérez Baltodano, cuando se refiere a los jóvenes de la insurrección de abril expresa: “La Revolución Cívica de Abril’ que inició la generosa, valiente, creativa y patriótica juventud universitaria definió con claridad la visión, y los fundamentos de la plataforma de gobierno que la nueva administración deberá realizar, para edificar la Nicaragua democrática, con desarrollo integral sostenible y equidad, que supere el ciclo fallido que ha caracterizado su vida política republicana (desde 1821).”

Humberto Castilla / NM

Mujeres jóvenes universitarias se constituyeron en el motor de la lucha.

Millenials y posmillenials: insospechada reacción al calor de las injusticias

La Revolución Cívica de Abril’ que inició la generosa, valiente, creativa y patriótica juventud universitaria”.

Andrés Pérez Baltodamo

El investigador social Ernesto Valle, autor de la tesis “Los millenials en Nicaragua” se erige como un defensor a capa y espada de los jóvenes de quienes las generaciones adultas desconfiaron, los critican y hasta los denigran, situación a la que se suma el desdén con que los medios de comunicación los abordan o habla de ellos.

No obstante, Valle no se arriesga a ubicarlos como protagonistas únicos de las protestas de abril de 2018, al contrario, fueron catalizadores de otros sectores sociales, incluyendo a los campesinos, un hecho inédito en Nicaragua.

El investigador Ernesto Valle cree que hablar de los millenials y posmillenials como los protagonistas absolutos es muy arriesgado.

Valle define a la generación millenials como parte de la movilización de abril de 2018, “ellos constituyen un grupo heterogéneo, es gente con acceso a la tecnología, tienen su propia agenda, no se mueven por lo que le dicen…”.

Para el investigador, “hablar de ‘millenials’ es hablar de una categoría o una etiqueta que utilizan muchos jóvenes para identificarse. No significa que todos seamos ni que todos tienen que ser. Un ‘millenial’ nicaragüense, según mi propuesta, es un joven que nace entre 1985 y 1994, principalmente son personas urbanas.”

Ernesto Valle evita etiquetar, habla de ellos como parte de una generación muy heterogénea que inició la lucha.

“No son flojos, no carecen de ambición ni de habilidades. Éstos son los mitos que derrumba un estudio realizado en nueve países de América Latina y el Caribe sobre los millennials jóvenes, de 15 a 24 años”, publicado por la revista chilena El Universo.

La misma revista cuando se refiere a las generaciones de jóvenes actuales, millennials y la Z o posmillenails los ubican a la par de la tecnología, “la mayoría pasa el tiempo entre redes sociales, chats, correos electrónicos y videollamadas a toda hora del día, incluso minutos antes de dormir”, característica que los ubica como personas bien informadas.

Quizás por esta razón es que el escritor Sergio Simpson cuando se refiere a los jóvenes que encabezaron la rebelión de abril expresa: “No los ubico con otra actitud, ni con la indiferencia que tanto pregonaron algunos investigadores, sino con desprecio hacia la guerra, porque crecieron escuchando barbaridades que vivieron sus mayores, y conscientes de la necesidad de construir o al menos no seguir viviendo un sistema de corrupción, opresión y miseria”.

Frank Cortez / NM

La lucha de los jóvenes asumió el azul y blanco como símbolo, atrás quedaron los símbolos partidarios.

Su reacción fue insospechada. Los esquemas de la mayoría de los investigadores, especialistas, docentes y el mismo gobierno rodaron en añicos, aunque se dejaban entrever malestares y preocupaciones.

El investigador social de la Universidad Centroamericana, Mario Sánchez recuerda que los estudios anteriores a abril daban algunas pistas de “mucha insatisfacción, un espíritu crítico, incluyendo grupos religiosos provenientes de varias denominaciones; malestares sobre el activismo en las rotondas, la agresión a los ancianos y jóvenes de ´OcupaInss´”, una de las primeras agresiones de magnitudes muy severas de parte de los aparatos partidarios del gobierno de Daniel Ortega contra una demanda social de jubilados con el apoyo de jóvenes.

La protesta de los jóvenes fue muy creativa, valora el investigador Mario Sánchez.

La ruptura que terminó en protesta y que cuestiona profundamente al sistema

“Los jóvenes nunca presentaron síntomas de que se pudiera articular una movilización de esa escala (…) percibí en ellos mucha insatisfacción, inquietud y además un gran espíritu crítico.”

Mario Sánchez, investigador

Transcurría un período electoral más en Nicaragua. Lo síntomas de abstención era cada vez más evidentes; un sector de la juventud enfundado en camisetas y colores extravagantes completaban la parafernalia oficial. Los restantes sectores de jóvenes observaban, guardaban silencio, aparentaban indiferencia.

En ese contexto, los jóvenes provenientes de partidos políticos sin personalidad jurídica, universitarios e independientes reaccionaron con la campaña llamada “Yo no boto mi voto”, un fuerte cuestionamiento al sistema electoral que se desarrollaba en el año 2016. 

“Recuerdo a un sector de jóvenes que cree en la segunda etapa de la revolución, que en sus hogares han sido formados en la defensa de la revolución, pero hay otros que tomaron distancia, hijos de combatientes sandinistas que en sus hogares provocaron una ruptura”, opina el investigador Mario Sánchez.

Quienes tomaron distancia observaron con detenimiento, la represión en Ciudad Antigua, Nueva Segovia; Nueva Guinea y las vapuleadas a los campesinos que defendían sus tierras frente a la amenaza del canal, recuerda Sánchez.

“Ellos fueron creando sus propios vasos comunicantes, sus foros, debates; desde ´OcupaINSS´, Bosawás, Indio Maíz y la minería como es el caso de Rancho Grande donde se juntaron con pobladores, campesinos y la iglesia, se opusieron a una concesión minera y el gobierno tuvo que retroceder.

Carlos Morales / NM

Las protestas por la indolencia del gobierno respecto del incendio en la reserva Indio Maíz en Río San Juan, fue el antecedente inmediato a la rebelión de abril.

Sin embargo, tanto adultos como jóvenes no escaparon al desconocimiento de lo que eran capaces los universitarios y los restantes sectores contemporáneos porque uno de los primeros dirigentes visibles del movimiento estudiantil, Víctor Cuadras Andino escribió en su muro: “Nuestra generación se sentía segura, tan a gusto. Nos habíamos acostumbrado a la pasividad del sillón y el teclado. Veíamos la guerra desde la lejanía de un lector que repasa la historia de sus padres y abuelos. Cargábamos con la liquidez de las selfies y las citas online”

En las universidades y centros de pensamiento, “los académicos tenían una imagen equivocada de la juventud. Ellos veían jóvenes apáticos con la política, jóvenes ensimismados e individualizados y que no les importaba ni el pasado ni el presente político. Esa posición no era justa”, sostiene el investigador Mario Sánchez cuando refiere a la forma cómo los estudiantes concebían la política.

El Salvador 1944: la revolución cívica universitaria que acabó con un dictador

“Doloroso fue para mí firmar las sentencias de muerte, pues se trataba de alumnos míos, discípulos y amigos…”

Maximiliano Hernández Martínez, ex dictador salvadoreño

Foto tomada del Diario Latino / NM - General Maximiliano Hernández Martínez.

Las principales luchas sociales y políticas en Nicaragua han tenido a jóvenes como protagonistas, aunque en la medida que han arreciado los conflictos, han sido asumidos por los adultos, fenómeno que no ocurrió en El Salvador en 1944 cuando, primero, fracasó una embestida militar contra el dictador Maximiliano Hernández Martínez.

Pero los estudiantes universitarios, precisamente un mes de abril, pero el día 28, recurrieron una huelga general la cual escaló hasta el primero de mayo en la se incorporaron empleados en varias oficinas privadas, luego se sumaron los empleados de gobierno. El día 2 de mayo hubo un desfile de maestros, estudiantes, mujeres vestidas de luto, médicos y tecnólogos médicos, quienes también se suman a la huelga hasta derrocar al dictador, según publicación histórica del Diario Latino de El Salvador.

Foto de Diario Latino / NM - General Maximiliano Hernández durante un acto oficial de su gobierno.

Hernández Martínez permanecía impasible, hasta que el día 4 de mayo de 1944 se dirigió a las clases económicamente débiles, prometiéndoles en su discurso, profundas reformas sociales con el objeto de halagarlas y romper su cohesión oposicionista, pero no logró su cometido. “O se va Martínez del poder o nadie volverá al trabajo”, fue la decisión nacional.

Como una lección de historia se cuenta que un alto jefe militar se presentó ante el dictador, le pidió autorización para disolver la huelga con la fuerza de las armas, pero el presidente, en un gesto que ennoblece su memoria, le replicó: “No general, el pueblo desarmado no es un objetivo militar”.

Según el Diario Latino, la huelga de los universitarios y los demás sectores se arreció cuando un policía nacional de apellido Baires, mató de un disparo de fusil al joven ciudadano norteamericano José Wright Alcaine cuando éste salía de su casa.

La deriva de Hernández fue irreversible. Al amanecer del día 8 de mayo el presidente anunció por la radio que renunciaría a su cargo y entregaría el poder. El pueblo jubiloso no abandonó las plazas y se mantuvo vigilante para exigir el cumplimiento de la promesa hecha por el general Hernández Martínez.

El día 9, a las 10 horas, la Asamblea Nacional, por Decreto Legislativo No. 34, aceptó la renuncia Martínez y en su lugar fue nombrado el general Andrés Ignacio Menéndez. Por la noche de ese mismo día 9 de mayo, en su mensaje de despedida al pueblo salvadoreño, el ex – presidente: “Doloroso fue para mí firmar las sentencias de muerte, pues se trataba de alumnos míos, discípulos y amigos que, por desgracia, se lanzaron por un camino vedado”, se escribe en el Diario Latino.

Nicaragua 1960-1970: los jóvenes no han dejado de luchar

Nuestro impulso fue más allá, trabajamos por crear grupos más grandes, debíamos reclutar a más jóvenes…”

Sadie Rivas, ex combatiente matagalpina.

Susan Maiselas / NM

La foto emblemática de Susan Maiselas sobre los jóvenes que escenificaron una particular insurrección en el mes de agosto de 1978.

En Nicaragua, durante las décadas de 1960 a 1970, los jóvenes salían a protestar a pesar de que estas expresiones estaban prohibidas. No desafiaban abiertamente a la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle, pero no le tenían miedo, no se sometían fácilmente a las imposiciones de ésta.

Las protestas en las ciudades generalmente no tenían líderes, eran convocados unos a otros y se protegían entre sí. Había hombres y mujeres por igual.

En el caso particular de la protesta que provocó la matanza de León en 1959, se hizo en memoria de los caídos en la masacre de El Chaparral, unas semanas atrás. Exigían libertad para pensar y actuar sin temor alguno.

Según opiniones de Carlos Fonseca, Sergio Ramírez Mercado y Henry Petrie, la chispa que avivaba la rebeldía y el patriotismo de todos los jóvenes de la época somocista, era sin duda alguna la gesta de Sandino en los años 20 y 30. A eso se le suma el sentido patriótico de libertad, justicia y el deseo de vivir sin temor a la opresión y a la cárcel solamente por ser joven.

Ellos protestaban contra las injusticias del sistema social y contra el maltrato de los presos políticos, según relatan los sobrevivientes de la masacre de 1959 en León.

Contrario a la situación actual, entonces la juventud estaba convencida casi en su totalidad de que la única salida para conseguir la libertad definitiva era empuñar un fusil y disponerse a morir por la patria.

Uno de los principales preceptos y base de lucha fue la Teología de la Liberación, una corriente teológica cristina bastante liberal que propone la opción preferencial hacia los pobres. O sea, que se acerca bastante al populismo e impulsa la liberación, el conocimiento y la abolición de la explotación laboral entre otras cosas. A partir de ahí nace la conocida frase: “No basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz.”

Ser joven era ser enemigo del régimen. Significaba ser sospechoso de absolutamente cualquier cosa que el somocismo considerara una amenaza.

Según el escritor Henry Petrie en su libro Jóvenes de Nicaragua, una historia que contar, “aquella era una generación plenamente comprometida con el cambio y llena de utopía por una sociedad mejor”.

“Un claro ejemplo es que hacia inicios de 1980 la JS19J tenía la cifra oficial de 60,000 miembros, siendo la organización juvenil más influyente de la pos revolución”, escribe al autor.

Sobre la rebelión de abril, el escritor Henry Petrie analiza: “La espontaneidad hay que entenderla a falta de una conducción política. Pero, desde la sociología, todo proceso tiene sus antecedentes que lo explican y sus componentes que lo desarrollan. De tal manera que, la reacción de los jóvenes estudiantes tiene un fundamento social e histórico”.

Las decenas de movimientos armados previos a la revolución fueron liderados por jóvenes, y la revolución misma fue promovida y protagonizada por muchos jóvenes y también adultos que los acompañaban y simpatizaban con sus acciones.

Agosto de 1978: la insurrección de los muchachos

Se constituyó entre una generación de jóvenes en Matagalpa, cuyas edades oscilaban entre los diez y los veinte años. En el mundo se le conoció como la “insurrección de los niños”, un conglomerado de jóvenes matagalpinos, que también fueron capaces de transformar la moda, la música y aplicar los métodos más complejos para conspirar y actuar contra la dictadura somocista.

Sus protagonistas coinciden en que, como en todas las generaciones, “había dos tipos de juventudes; los apáticos e indiferentes y la que estaba sensibilizada por lo que pasaba en el país.

También adjudican la cercanía con el ejemplo de Carlos Fonseca y la guerrilla de la montaña como referentes de su lucha, proceso que culminó con la fundación de la Asociación de Estudiantes de Secundaria en 1975 y la huelga estudiantil en el instituto Eliseo Picado en 1976.

Sadie Rivas, fallecida hace muchos años en un accidente de tránsito, era una niña cuando la insurrección y testimonia que “los jóvenes permanecían en grupos que se reunías en las esquinas y eran mal vistos por la guardia del régimen somocista”.

“Nuestro impulso fue más allá, trabajamos por crear grupos más grandes, debíamos reclutar a más jóvenes en ese tiempo, y eso fue progresivo en un ambiente de noticias de la guerrilla, de la lucha y los sacamos de las esquinas”, declaró al diario Barricada en agosto de 1989.

Las hermanas Raquel y Scarlett Lugo trabajaban en los comisariatos del comerciante Adán Maradiaga y llevaban noticias frescas a la ciudad, sobre lo que ocurría en el campo, recordó Alexa Lugo en un trabajo publicado por el extinto diario Barricada el martes 29 de agosto de 1989.

Las pistas para perseguir a los jóvenes era el uso del pelo largo, vestir una camiseta con la efigie del Ché Guevara o rostros de guerrilleros pintados en camisetas y paredes.

Un hecho importante, valoran Sadie Rivas y Nelson Pérez, sobrevivientes de la insurrección fue, la huelga estudiantil de 1976, convocada para expulsar al director del Instituto Nacional Eliseo Picado, Emilio Sobalvarro quien era sobrino de la ministra de Educación. Esa huelga fue apoyada por la mayoría de institutos del país y duró tres meses. 

“Fue el medio aglutinador de los estudiantes de secundaria y generador de nuevos valores y compromisos. Con la huelga se rompieron concepciones reaccionarias en la educación y fue la lucha contra los inspectores y profesores somocistas, nos estábamos enfrentando al poder”, expresa Nelson Pérez, uno de los sobrevivientes.

El apoyo de los padres fue parcial; unos apoyaban, otros no. Hubo padres de familia que albergaron a los muchachos en sus casas para protegerlos de la Guardia Nacional y de los agentes de civil que los perseguían después de la huelga.

“Como joven, no participar en la lucha era como penoso”, sostuvo Sadie Rivas, en cambio Nelson Pérez tenía un dilema en su casa, porque no todos apoyaban la lucha.

Esta generación bailó la música de John Travolta, los Bee Gees, usó pantalones campana, el pelo largo y fumó marihuana; se rebeló de pronto y vistió pantalones parchados y cintillos en sus cabezas.

Usaron las camisas grandes para esconder las bombas de contacto y los folletos clandestinos y comenzaron escuchar a los Guaraguau, los Mejía Godoy, Mercedes Sosa y Víctor Jara, por ejemplo.

Jóvenes piensan en un cambio de sistema

“El rompimiento generacional no es la solución, lo vimos en los 80 cuando cantidad de jóvenes no profesionales, ignorantes, reprodujeron la cultura nacional feudal y aún pagamos las consecuencias”.

Sergio Simpson, escritor.

Las fronteras del pensamiento juvenil no tienen límites, en sus distintas declaraciones han planteado un cambio profundo, un cambio de sistema político, sin embargo, para el investigador Ernesto Valle, esto “sería lo ideal, pero no creo que ocurra, hay muchos actores contaminados”; hablan de caudillos pero de pronto salen personajes con esas características. Para pensar un país nuevo no se debe asumir la diatriba que me parece fascista al decir que ´Nicaragua volverá a ser república´, cuando nunca lo ha sido…”

Valle sí habla que los jóvenes deberán tener una importante cuota de poder en un sistema distinto, igual otros sectores que han sido beligerantes en la lucha como el campesinado.

Foto tomada de Crítica / NM

Jóvenes de Masaya luchan desde una barricada, con ingeniosas formas de ocultarse.

Cuando la lucha empezó, el periodista Sergio Simpson visualizó dos rutas: “abandonan el país o se rebelan contra el gobierno. Era imposible que su malestar no condujera a una expresión de mayor intensidad contra el sistema que no les brinda oportunidades de bienestar y crecimiento económico”.

Sobre este tema, el escritor Henry Petrie señala: “de la protesta particular evolucionó a una protesta contra el sistema; todas las inconformidades afloraron, se juntaron y se tejieron en una especie de programa que alguien tendrá que confeccionar.”

¿Qué peso tienen los jóvenes en un cambio de sistema, si esto se logra? Henry Petrie responde que “los jóvenes actuales y los inmediatos futuros, serán capaces de construir y articular un nuevo enfoque de poder. No tienen porqué convivir ni continuar oxigenando el poder tradicional de hace siglos. Esto tiene que acabar y habrá que transformar todo, empezando por nuestra educación y cultura política. Es una lucha crucial para la nueva Nicaragua. Los nuevos líderes del país tienen que ser jóvenes preparados y con vocación de servicio”, expone.

En el año 2016, un grupo de estudiantes de la carrera de Comunicación de la Universidad Centroamericana en Managua, tuvo como tarea académica en la asignatura de Historia del Periodismo, leer el libro titulado “El Periodista”, una compilación de editoriales de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

El docente orientó como trabajo final escribir un editorial propio, inspirado en el libro y estas son algunas de las frases que denotan cómo estaban pensando los universitarios dos años antes de la rebelión de abril de 2018.

“Nos queremos convertir en víctimas críticas, que culpabilizan todo el tiempo al sistema o la sociedad, pero, ¿No somos nosotros parte de la sociedad? ¿Qué estamos haciendo por el cambio? Completa mentira sería decir que hacemos mucho, porque todos sabemos que no es así. Una cosa es que queramos cambio en el país, otra muy diferente es que luchemos por ese cambio.”

Alannis Osiris Muñoz Lacayo

“…a mis 18 años de edad siempre me ha gustado saber de historia, he leído muchísimo sobre la dictadura que regía a Nicaragua en el siglo XX. Y como el pueblo se levantó y luchó por sus derechos, para salir de ese hueco en el cual el país y su población estaban hundidos”.

Carlos Alfredo López Martínez

“Nicaragua merece un ambiente de inclusión para todos y todas, tenemos que ser ciudadanos, defender nuestros intereses y luchar por lo justo.”

Clara María Hernández Castillo

“Permitir que la historia se repita es nuestra decisión. Permitir que otra dictadura se instale nos corresponde a nosotros, de nada sirve reprochar la conducta del presidente, el gobierno, sus funcionarios, si solo llegamos hasta ahí y nos regresamos, entonces esta situación seguirá ocurriendo una y otra vez y cuantas veces sea permitido. ¡Es necesario actuar!”

Darling Molina Fonseca

“¿Es justo que los trabajadores tengan que asistir obligadamente a actividades organizadas por el gobierno para conservar sus empleos? ¿Acaso esto es vivir como ciudadano? En un sistema democrático los gobernantes no obligan a sus ciudadanos a ir a una plaza pública o a manifestarse en las calles en su apoyo. En ese tipo de régimen se respeta el derecho de los ciudadanos, a expresar libremente sus simpatías políticas.”

Jennifer López Bravo

“Lo más triste de todo esto, es que muchos jóvenes que no son sandinistas, por necesidad toman el último recurso de sacar un carné y vender sus almas a un círculo vicioso que les obliga participar y ser fieles en actividades de un gobierno que no escogieron. Dignidad y más empleos !Eso es lo que se exige!” 

Jorge Vanegas

Los pensamientos expresados por los universitarios se explican en la afirmación que hace Henry Petrie cuando afirma: “Se hartaron de tanta impostura e hipocresía gobernante, de tanta falsedad y engaño de la clase política tradicional, de la inmoralidad dictatorial. Estos jóvenes no son los jóvenes alienados del FSLN que adornan tarimas; son jóvenes que, tras supuestas indiferencias, interpretaron y procesaron las realidades de su tiempo.

Jóvenes protagonistas de las luchas, ahora clandestinos o semiclandestinos cuentan sus experiencias.

“La tiranía y el vetusto sistema político actual solo ofrece corrupción en su más amplia acepción, no tienen idea del futuro, menos cómo explicárselo a las actuales generaciones jóvenes, que están diez pasos delante de ellos. 

En respaldo a lo anterior, Sergio Simpson afirma: “La inconformidad ha sido permanente, generacional, porque no hay cambios sustanciales en el país.”

Los jóvenes lograron unir la más plural y creativa de las estrategias, golpearon el sistema, desenmascararon su verdadera naturaleza letal y ahora van camino al asalto del cielo, mantenerlo, será el mayor desafío.

Frank Cortez / NM
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