Luna de miel de la Iglesia con la revolución fue efímera

Recorte del diario La Prensa de cuando expulsaron a sacerdotes y monjas

Juan Ramón Huerta

A inicios de la Revolución, ver una procesión en un pueblo remoto era un mal indicio. Había que investigar quiénes promovían, sin embargo, cuando se percataban que el líder pastoral era el antiguo guerrillero, la esposa del guardafrontera o el pastor que antes había colaborado con el FSLN, las dudas mermaban.

Nunca lo pregunté pero había en el personal de inteligencia militar la sospecha que esta gente se organizaba muy rápidamente alrededor de un santo, una imagen o la misma biblia, pudo ser temor a competencia.    

Los cooperados sandinistas asistían a las procesiones y el día de San Isidro, el 15 de mayo, llevaban sus diezmos en mazorcas de maíz, ayotes, papas y al final del ruego se los daban a los sacerdotes. Uno de los errores de la Revolución fue llevar a citadinos a hacerse cargo de la dirección partidaria en el campo y eso causaba extrañeza y sospechas.

Sin embargo, después vino la guerra y estos temas pasaron a un segundo plano en la atención de las fuerzas de seguridad.

No obstante la guerra, los primeros en ser perseguidos fueron los misioneros moravos quienes por siglos habían apoyado la construcción de capillas y templos a los indios mískitus, creoles o mayangnas.

Además de templos, les ayudaban a construir escuelas y hospitales, suficiente para ser perseguidos porque el gobierno buscaba cómo sustituir su liderazgo e influencia por la de militantes sandinistas, entre los cuales figuraban algunos cubanos o citadinos, ajenos a la cultura de las comunidades indígenas.

“En enero de 1982, dos líderes de la iglesia morava, los reverendos Fernando Colomer y Norman Bent, fueron obligados a dejar la región del Caribe y dirigirse a Managua. En mayo de 1982, las autoridades sandinistas anunciaron la clausura del  Comité de Acción Social de la Iglesia Morava, que tenía a su cargo el suministro de servicios sociales y socorro para los mískitus. También arrestaron al reverendo Santos Clevban, a quien mantuvieron incomunicado del 11 al 25 de julio

“En 1980 el predicador evangélico, Morris Cepullo, fue expulsado al aterrizar en el aeropuerto Sandino. La explicación oficial, comúnmente utilizada en las acciones contra los grupos religiosos, fue que Cepullo venía enviado por la CIA. En este caso, como en todos los demás, el gobierno no respaldó sus acusaciones con ninguna evidencia”, según publicaciones de diarios extranjeros de la época.

 Choques con monseñor Pablo Antonio Vega

Todo comenzó cuando militantes sandinistas interrumpían las clases de catecismo para repartir propaganda política o para rebatir o burlarse de los catequistas, según escribió en una carta pastoral del 27 de agosto de 1980, monseñor Pablo Antonio Vega, obispo de Juigalpa.

Antes, el 7 de julio de 1981 el gobierno suspendió la misa televisada que el Arzobispo de Managua había celebrado durante muchos años y que constituía, para un buen porcentaje de los feligreses de Managua, la única oportunidad de atender un servicio religioso los domingos. La razón ofrecida fue de que había que darle lugar a sacerdotes más progresistas.

 

¿Por qué cerraron La Prensa?

Con esta acción el gobierno no solo invadía un terreno privado de la Iglesia, sino que le arrebataba a la jerarquía Católica su último acceso a la televisión. Mientras tanto se multiplicaban los ataques públicos de los “cristianos marxistas”, en contra de la jerarquía. Al mismo tiempo, muchos rótulos religiosos, colocados en diferentes puntos de la capital por católicos independientes, eran destruidos o manchados. El reportar esta noticia le significó al periódico La Prensa su primer cierre temporal.

De ahí en adelante, los ataques se multiplicaron en muchos frentes. El 13 de enero de 1982, cinco católicos norteamericanos (tres monjas y dos sacerdotes) misioneros en la zona del Caribe, fueron expulsados del país. El gobierno atribuyó la expulsión a un error burocrático y anunció que podían volver a Nicaragua, aunque advirtiéndoles que no podrían regresar a sus parroquias de origen. Sólo dos de ellos regresaron al país.

Cierre de radio Católica

La radio Católica fue clausurada por un mes por transmitir informaciones supuestamente distorsionadas. Luego, el 15 de marzo de 1982, fue declarado el Estado de Emergencia el cual fue renovado por un mes pero renovado en cada vencimiento, y con ello acabó la escasa libertad del que aún gozaba el periódico La Prensa y Radio Católica.

Después de mayo, iglesias y locales de los moravos, adventistas, mormones, Testigos de Jehová, y de algunas sectas evangélicas, fueron confiscados en rápida sucesión. Sus pastores fueron acusados de trabajar para la CIA y la contrarrevolución.

 Dramática denuncia del obispo Vílchez

El 9 de noviembre de 1983, monseñor Pedro Vílchez, Obispo de Jinotega, dirigió una carta dramática a las autoridades civiles y eclesiásticas del país, señalando sucesos como los siguientes: “La gente del lugar huye con sólo saber que vienen los miembros del Ejército pues temen a las torturas, violaciones y la muerte, por el tremendo delito, hoy en la montaña de atentar contra la seguridad del Estado”.

El Obispo de Jinotega refiere además un hecho reiterado por otros testigos y fue la quema de las capillas de El Tigre y Aguas Calientes y lugares de culto en muchas zonas rurales de Jinotega.

 

Juan Ramón Huerta

Juan Ramón Huerta

Prisma cotidiano | En la vida, los detalles cotidianos forman parte de nuestra historia

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