Monimbó no cayó pero permanece como campo de concentración

Fotos de Theconversation.com y del sitio web de la Alianza Cívica de Masaya / NM

A la derecha de la foto, se observa una de las cámaras con que espían a los monimboseños.

Estela Botoy

Nuevas Miradas

Las calles están tan desiertas y lúgubres que apenas suena un portazo, quizás por el viento, los paramilitares reaccionan y revisan las cámaras que han colocado en todo el barrio de Monimbó. Se siente la sensación de estar en un campo de concentración nazi. 

El ambiente es desolador, solo interrumpido cuando de pronto pasan las fatídicas Hilux con paramilitares a bordo, luego sigue el silencio, la población se asoma por las hendijas para no ser cazados por las cámaras. 

Quienes se atreven a salir a las calles lo hacen con mucho miedo y cuando se escucha entrar un vehículo o una moto es mejor ocultarse.

Los valientes pregoneros desafían la soledad y el miedo y por las mañanitas o antes de las tres de la tarde, tímidamente anuncian que ha llegado el menudo, la moronga, el frito –productos derivados del cerdo—y el motajatol, el atol o las tortillas. Los gritos de los pregoneros son los únicos que dan la apariencia de una normalidad que no existe.

Una salida estratégica

Han pasado cuatro días desde el ataque cuando más de mil paramilitares y policías, fuertemente armados, el eco de las balaceras no es imaginario, se escuchan, muchas balas las perdieron los agresores disparando a muñecos de trapo puestos en las barricadas el día del ataque.

Hace más de ochenta años, el general Augusto C. Sandino utilizó muñecos de zacate para engañar a las tropas gringas invasoras en las montañas de las Segovias y él ejecutaba sus retiradas militares exitosas. Eso mismo se reeditó el fatídico 17 de julio en Monimbó.

Uno de los defensores de las barricadas testimonió: “… a la hora del ataque, quienes estábamos en las barricadas, algunos salieron corriendo y otros se quedan para seguir en la lucha pero, al ver que eran más de 1000 hombres, comenzamos a  despedirnos por las zanjas, el bastión no podía caer con nosotros…”

Después “salimos por atajos, por nuestros caminos a distintos lugares, nos dispersamos, horas después circularon, ellos mismos, fotografías falsas en las que se decía que nos habían matado en masa, todo para desmoralizar la lucha”, relata uno de los sobrevivientes, días después.

Monimbó no cayó

El relato coincide con lo que se observa en Monimbó; hay cámaras colgadas de postes y árboles para espiar a las personas, “nos quieren controlar de día y por las noches” mientras observan patrullajes continuos en las camionetas Hilux; disparan, porque para ellos, la presencia de la gente que encuentren en la calle luego de las 6 pm será tomada como provocación”, dice otra ciudadana desde el otro de la verja de su casa.

Pero, ¿cayó o no Monimbó?, preguntamos a uno de los guerreros que permanece oculto: “Monimbó no cayó, Monimbó se refugió para salvaguardar las vidas, porque somos más útiles vivos, así es mejor para la nación”

Junta a las barricadas que derribaron las tropas de ocupación quedaron las zanjas, mismas que sirvieron para la retirada de los monimboseños y aún evitan, en algunos lugares, el paso libre de las patrullas que mantienen sitiado al barrio.  

El secuestro de Alvaro Gómez

Alvaro Gómez luchó contra la dictadura de Anastasio Somoza en 1978 y 1979, quedó lisiado de guerra, es licenciado en Física, es docente, pocos días después de iniciada la lucha cívica contra el gobierno de Daniel Ortega le mataron a su hijo del mismo nombre.

“Luché contra Somoza, quedé lisiado, voté por este maldito y ahora me mata mi hijo”, exclamó llorando hace dos meses en una actividad en Monimbó.

Alvaro Gómez estaba terriblemente dolido, permanecía casi siempre con la foto de su hijo, denunciaba cómo le asesinaron a  su hijo, lloraba, crispaba sus puños, se lamentaba no tener la vitalidad de 1979.

Llegó el 17 de julio, Alvaro Gómez estaba en su casa, llegaron los paramilitares, lo increparon, lo agarraron, lo golpearon y se lo llevaron secuestrado, su prótesis quedó a media calle, “fue horrible escuchar cómo su prótesis quedó tirada en la calle de la manera brutal en que se lo llevaron”, atestigua una vecina.

Hoy, la gente de Monimbó sufre la ausencia del profesor Gómez, no se sabe nada de él, es un personaje reconocido, valiente pero muy golpeado por el régimen al cual él mismo ayudó a subir al poder.

Qué dicen los monimboseños de Ortega

Mencionar el nombre del presidente de Nicaragua es como una ofensa. ¿Por qué Ortega ataca y sitia a Monimbó si los tanques de aquí no obstaculizan el tránsito? preguntamos a una monimboseña que está muy molesta. “El comandante es un cobarde, sentir que ganó por lo que lograron al limpiar este barrio, no es correcto; vinieron armados hasta los dientes y decir o celebrar porque el pueblo supuestamente se rindió no es de un presidente, quieren matar el símbolo y ese no se mata”, argumenta.

Los monimboseños sostienen que el gobierno está jugando una guerra sicológica pero al revés. “El pueblo de Masaya en su determinación por lograr sus conquistas sabe, que el enemigo juega una guerra sicológica y que ésta la está jugando al revés”.

Lo que no informa el gobierno

Los guerreros sostienen que cada día hablan de acciones falsas, pero esconden y no publican la muerte de 9 paramilitares y el saldo de 26 heridos en las batallas del 16 y 17 de julio; “no las publican porque sería aceptar que andan apoyados por paramilitares y hasta les han prohibido a sus familiares revelar detalles de sus honras fúnebres: 3 son originarios de San Marcos; 2 de Niquinohomo; 2 de Masatepe, cada vez ganan más repudio nacional y mundial” reza un comunicado dado a conocer por los guerreros. 
“No caigamos en la trampa de los seudo socialistas. Confíen en nosotros; confíen en la fuerza que demostramos en cada batalla, en cada organización, en cada lucha. La victoria está garantizada todo es cuestión de tiempo. 

“No dejarán de oír los morteros clandestinos, o las bombas de contacto porque el corazón de Monimbó late más fuerte que nunca y su cuerpo se desliza como sombra en las esquinas de nuestra ciudad”, advierten.

Monimbó sigue llorando a sus muertos, tres fueron asesinados por la Policía Nacional entre ellos, Edgardo Antonio Hernández de 30 años y dos más.

“El martes 17 de Julio, se llevaron a mi hijo de la cuadra de mi casa, desde que lo arrestaron lo iban golpeando, lo fuimos a buscar a Masaya, luego a Diriamba y al Chipote y nadie nos daba información, nos fuimos a Medicina Legal, allí estaba mi hijo muerto, los paramilitares y Policía Nacional son peores que la guardia, Daniel Ortega dice que estamos en paz, está en paz el, una gran masacre lo que han hecho con mi hijo y mi comunidad”, cuenta Agustín A Hernández, padre de uno de los últimos jóvenes asesinados.

Memorial de los caído en Monimbó.
Nuevas Miradas

Nuevas Miradas

Historias sin filtro

One thought on “Monimbó no cayó pero permanece como campo de concentración

  1. Cuando yo sea grande quiero escrib ir así. y dominar los tiempos. Quiero decir sacarle lustre a hechos que ya ocurrieron y mantener vivas las palabras de personajes coo es el caso del mutilado de guerra que perdió a su hijo. Uno lee y casi escucha el sonido de la protesis cuando cae sobre la calle.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest

A %d blogueros les gusta esto: