Necesaria reforma universitaria moverá cimientos de la educación superior

Henry Petrie

¿Los estudiantes universitarios están o se sienten plenamente representados en la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN)? Esto nunca ha sido así, siempre ha habido expresiones que la han adversado; desde sus orígenes, por mandato de la revolución sandinista, se estableció como organización estudiantil única en las universidades que integran el Consejo Nacional de Universidades (CNU).

Para que los intereses estudiantiles estén debidamente representados en los gobiernos universitarios, ¿es imprescindible una organización única en los recintos del Alma Mater? Los estudiantes son plurales y diversos en todas las universidades del país, sus intereses son académicos, sociales, culturales, étnicos, de género y políticos. Todo esto converge en una universidad donde la autonomía y la libertad deberían brillar. En un gobierno universitario deberían estar representados los distintos actores agrupados en movimientos, asociaciones y federaciones, concursando activa e integralmente en la vida universitaria. En todo caso, lo que debería estudiarse es la articulación y el instrumento que asegure que este mosaico esté debidamente representado en los órganos de gobierno.

¿Cuáles son las perspectivas del movimiento estudiantil universitario? A partir del 19 de abril del 2018 afloró una nueva realidad, un movimiento con expresiones varias y diversas, en general, vigoroso, decidido y combativo. Su fuerza está determinada por el peso de su lucha social, que incluye el rescate de la autonomía universitaria. Se enfrentó a las fuerzas represivas del régimen dictatorial de Ortega Murillo, que desde el primer momento cobró la vida de decenas de estudiantes.

Son expresiones que desconocen y rechazan a la unión estudiantil oficialista, UNEN, entronizada desde hace mucho tiempo en el sistema del CNU y parte integrante del partido en el poder, FSLN. El 6%, también ha servido para financiar a dirigentes estudiantiles cuyos períodos van más allá de los cinco años de estudios. Es decir, no son líderes, sino funcionarios que implementan acciones partidistas entre los estudiantes, muchas veces en contra de sus intereses y en total contubernio con las autoridades universitarias, también concebidas como parte del entramado partidario.

La crisis actual también plantea una profunda reforma universitaria que incluye al mismo CNU, donde se fortalezca y consolide la autonomía, la libertad de organización y de expresión, donde, desde cada recinto, se posibilite la gestión de las distintas agrupaciones por sus intereses, aspiraciones o resolución de sus necesidades. La calidad de la enseñanza y el régimen académico también deberían ser revisados, con base a las necesidades nacionales y a los estándares internacionales.

Esta reforma ha de rediseñar y actualizar la función y composición de los gobiernos universitarios, donde todos los actores tengan representación mediante conceptos de amplitud, pluralidad y diversidad estudiantil –en particular–, mediante procesos eleccionarios generales, donde las distintas expresiones tengan amplia participación con base a normas y procedimientos acordados en congreso.

En virtud de una organización única, quizá correspondería analizar la conveniencia de una confederación de estudiantes universitarios, autónoma, sin vínculos partidistas, y comprometida con el programa de lucha común de las asociaciones y federaciones que la integren. Si ha de ser la UNEN esta organización confederada o tan solo una expresión más del movimiento, es un asunto que deberán resolver los estudiantes. Ha quedado claro el fuerte cuestionamiento, desgaste y rechazo estudiantil de esta organización.

Los actuales grupos autoconvocados, en sí mismos no es suficiente. Necesitarán avanzar en definiciones más articuladas y niveles superiores de organización que confluyan en un ente propio de representación y de lucha estudiantil por sus intereses. 

La lucha por la justicia, democratización y el rescate de la autonomía universitaria, también incluye la construcción de una representación estudiantil efectiva en los gobiernos universitarios. En virtud de una organización única, sería interesante privilegiar la pluralidad y la diversidad de las agrupaciones existentes y de las que surjan en el futuro inmediato.

Por supuesto, correspondería al movimiento estudiantil, en alianzas con académicos conscientes, empujar el proceso de reforma universitaria que, a todas luces, no solo será un acontecimiento académico y cultural, sino también político, por la importancia y función que la universidad está llamada a cumplir en la sociedad nicaragüense. Se trata, entonces, de un movimiento que removería los cimientos de la educación superior en Nicaragua.

Henry Petrie

Henry Petrie

El círculo | No se trata de leer, simplemente, sino de desarrollar pensamiento lógico y crítico

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