Por qué retorno al periodismo

 Juan Ramón Huerta

He regresado al periodismo, aunque nunca lo dejé de ejercer desde las pizarras, desde los proyectores, desde las aulas, desde el cibermedio de los estudiantes de Comunicación.

Quizás, regresar le denomino a la acción de trascender a las aulas y encaminarme a un proyecto digital lleno de entusiasmo, con ganas de hacerlo, de trabajar, alejado de la tradición y el facilismo con que generalmente se hace periodismo en Nicaragua.

Estoy aburrido de escuchar declaracionismo, preguntas respondidas, preguntas complacientes y de los extremos de hacer crítica periodística en nombre de algo o de alguien.

Los nicaragüenses ya no quieren escuchar, ni ver, mucho menos leer entrevistas, titulares obvios, trabajos periodísticos colmados de lugares y personajes comunes, de lo predecible.

Mi desafío, lo expreso en vos alta y siento una sensación de optimismo, veo en los jóvenes que me acompañan, de segundo y tercer año de Comunicación, rostros absortos y bríos que me hacen revitalizar mis aventuras.

Un retorno a hacer cosas en el periodismo pero con nuevos paradigmas, a veces irreverentes ante la academia: grabar un podcast en un café; grabar un video en medio del bullicio, tomar una fotografía no convencional, grabar una entradilla a una pieza audiovisual en una bodega de libros abandonados y llenos de polvo, son actos que antes hubiera criticado.

Haberlo hecho hubiera sido inconsecuente con las más ricas experiencias durante la guerra, cuando escribía en mi inseparable máquina Olympia alumbrado por candiles en la mesa de un hogar campesino para enviar mis notas a Barricada mientras el fotógrafo revelaba sus negativos introduciendo sus manos en una bolsa negra, por ejemplo, y que los dueños de casa preguntaron que si estaba cuajando leche en lo oscuro.

Hacer un periodismo diferente te lleva a pensar diferente, ver ángulos no convencionales, narrar a escondidas de la pirámide invertida y destacar ángulos que antes la dictadura del editor imponía porque como no interactuaba con mis lectores, creí tener la verdad y saber lo que la gente quería.

Vino la bofetada del acucioso y vertiginoso lector. Duele. Aceptar nuevas realidades lo hace sentirse extraño en las aguas convencionales de la rutina y el facilismo.

Hacer periodismo sin dejar de desnudar las realidades y cuestionar al poder como principio, es una proeza en este país, esto no estaba en mis cálculos.

Mi visión comenzó a cambiar el día que conversé con Santiago Tejedor, un irreverente del convencionalismo en la formación de periodistas; el día que comencé a leer y conocer a Ramón Salaverría; a releer y escuchar las cátedras de Miguel Angel Bastenier, a leer con detenimiento y escuchar a Alberto Salcedo Ramos o a Enrique Bullido. He aprendido de ellos, a diario los leo indistintamente, me han ayudado a construir paulatinamente otra visión.

No es fácil emprender para un periodista que ha crecido desde las calles y de los riesgos como nativo de prensa escrita, tampoco es imposible. “No es avión” como le digo a cada rato a mis estudiantes que han sido mi entusiasmo permanente. Gracias a ellos también.

Juan Ramón Huerta

Juan Ramón Huerta

Prisma cotidiano | En la vida, los detalles cotidianos forman parte de nuestra historia

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