Suena el atabal y Monimbó está preparado para lo peor

NICARAGUA. June, 1978. Youths practice throwing contact bombs in forest surrounding Monimbo. Foto de Susan Meiselas.

Juan Ramón Huerta

Para entrar a Monimbó hay que tener paciencia y comprensión, ellos revisan todo, hay varios filtros de seguridad, más adelante está un joven que dice llamarse Botoy, tiene una máscara que hace recordar aquella memorable foto de Susan Meiselas tomada en 1978 y que dio a conocer al mundo la existencia de este bastión indígena y guerrero de Nicaragua.

Botoy es muy joven pero conoce la historia de sus ancestros y su referencia más importante es el atabal, un bombo de cuero que suena cada vez que hay una actividad, el nacimiento de alguien, un funeral, una festividad importante, “aunque ahora suena cuando percibimos amenazas de ataques de los paramilitares y la Policía”, dice mi fuente principal, Nacatime, una joven que lleva el nombre de otro insigne cacique.

Lo guerrero va en la sangre

El uso de estos nombres me dice, de entrada, que los jóvenes conocen muy bien sus orígenes. Pensé que a los jóvenes les importaba un pito que tocaran el atabal, que ellos se quedan chateando con sus celulares, comento a mis guías y ellos se detienen y afirman, “no, nada de eso, aquí todos estamos pendientes del peligro que significa una agresión de Ortega y sus caravanas”.

Monimbó está lleno de trincheras, zanjas gigantescas, no en todo lugar se puede tomar fotografías porque te advierten. Junto a las trincheras se cocina arroz, frijoles y atoles y en grupos de turno, bajan a comer. No se agrupan todos, esto es orden, comentan.

La gente tiene miedo, es natural, sin embargo en el interior del barrio se trabaja, lo hacen los artesanos, los niños juegan inocentemente a los policías y los estudiantes, la sangre guerrera no se aprende en manuales, ellos saben ocultarse y emboscar al enemigo.

El atabal de Monimbó, instrumento ancestral. / NM

La defensa es lo cotidiano

A diario hay reuniones, desde las 5 de la mañana se preparan los planes. “Eso es natural para nosotros”, comenta Botoy.

En un rincón histórico del barrio hay una especie de museo de guerra, muchas cosas se han perdido de la guerra de los años 1978 y 1979, pero ahora hay nuevos trofeos y muestran camisas, pantalones, e instrumentos que usan los policías y paramilitares.

“Aquí hemos capturado policías y paramilitares y se los hemos entregado a los derechos humanos”, cuentan Nacatime y Botoy.

La gente regresa a sus casas a las 3 de la tarde, a buscar cómo organizar la autodefensa, se escuchan disparos de morteros, ellos sonríen “y esto que no han escuchado uno de estos” y señalan una bomba de 20 libras, “suenan poderosas, tiembla la tierra fuertemente”

El atabal suena y todos alerta

El atabal suena, “Ah, deben ser los de los derechos humanos” y salen a recibirlos, antes han pasado por los filtros donde solo motos dejan circular.

El atabal suena cuando dan comunicados, cuando hay marchas, entierros, cuando se recibe la visita de las comisiones de DDHH, obispos cuando reciben a los muchachos liberados, agregan mis fuentes.

Cuando en Masaya se escucha el sonido del atabal “ya sabemos que nuestro pueblo está listo ante un ataque. Las mujeres y niños se resguardan en las casas, los chavalos se alistan y salen”, nos cuentan.

Ceremonial sagrado para los monimboseños, ahí están los nombres de los caídos y por cada uno se coloca una vela.

La bendición

Las madres les dan la bendición a sus hijos porque no saben si lo verán de nuevo, comentan. Insisto en la provocación. ¿Y si está el juego entre Croacia e Inglaterra, lo dejan de ver? “Aquí no hay mundial que valga, nuestro mundial es la libertad de Nicaragua”, afirman con aplomo.

En el preciso momento que hablo con mis fuentes, se escucha la noticia del ataque a Diriamba y Jinotepe, automáticamente se cierran los pasos, ya no habrá entrada, sentencian.   

“Masaya no se rinde va hasta el final a como lo hizo hace 40 años”, advierten Botoy y Nacatime.

Vestimenta de un paramilitar capturado en Monimbó, es un trofeo para ellos.

 

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